Por Jon Lee Anderson.
La personalidad del presidente venezolano Hugo Chávez, una de las figuras más controversiales en Latinoamérica, es analizada desde diversos ángulos por el experimentado periodista y escritor estadounidense Jon Lee Anderson.
Un domingo 14 de Abril de 2002, el presidente Hugo Chávez retornó al Palacio Presidencial en Miraflores, después de haber permanecido bajo custodia por casi 48 horas. Un golpe de estado en su contra había fracasado, en parte porque algunos líderes latinoamericanos rehusaron legitimar a los hombres de negocios y militares que intentaron imponer un nuevo gobierno en Venezuela.
Dado que Chávez es ahora una figura controversial y populista, y ha sido criticado por la administración de George Bush porque lo considera impulsor de “tácticas despóticas” en su país y por su amistad con Fidel Castro, Raíces reproduce el material escrito por Anderson, quien labora entre otros medios para la prestigiosa revista The New Yorker. El escrito fue publicado el 10 de septiembre del 2001 y fue reproducido nuevamente en 2007. Anderson es considerado el “mejor escritor de sociedades en crisis”, nos trae este interesante perfil del presidente venezolano.
La clínica de psiquiatría del doctor Chirinos se localiza en un distrito que antaño fuera uno de los más refinados de Caracas, justo debajo de la calle de una línea de moteles que le prestan sus servicios al amor. En el día de mi visita, varios hombres con apariencia de maniáticos y que supuse se trataba de algunos adictos, merodeaban por la entrada principal del consultorio.
Dentro del consultorio, la sala de espera es húmeda y parece una jungla con varios helechos y dos fuentes: Una de unos cinco pies de altura en una esquina, y otra más pequeña en la oficina del psiquiatra y que emana agua que circula por caballos de mar y conchas de yeso. “La idea es que sea un lugar relajante”, me dijo el doctor. “¿Lo encuentra un lugar inquietante?”
Chirinos es un hombre bajo ya en sus sesentas años, tiene unos ojos traviesos y es pestañudo. En el día que le conocí, usaba una gabacha blanca y sus manos estaban aferradas a su escritorio. Por su consultorio han desfilado profesionales muy bien establecidos y varias figuras políticas. Me dijo que desde 1958, cuando Venezuela se convirtió en una democracia multipartidista, ha tenido el gusto de conocer a siete de sus Presidentes, los que han llegados a ser sus amigos personales o solo sus pacientes. Hugo Chávez es uno de esos presidentes y amigo personal a la vez, y del que afirma es el hombre más honesto que hasta ahora haya conocido.
Chirinos tenía toda la voluntad de conversar conmigo acerca del Presidente Hugo Chávez, y me dijo, después de una breve meditación, que la manera más discreta de hacerlo, era a través de un cuestionario de preguntas diseñado por uno de sus colegas.
El cuestionario exponía cincuenta rasgos personales, que tanto se le podían atribuir al Libertador Simón Bolívar o al presidente Chávez, ó a ambos a la vez.
Cuando el psiquiatra comenzó a leer el cuestionario, enfatizó algunas de esas semejanzas: “Es una persona difícil y mal humorada cuando se siente frustrado. Cuando uno menos lo espera, saca su buen humor y platica con familiaridad con desconocidos y amigos por igual, haciéndoles bromas y entreteniéndoles. En ocasiones es injusto con sus opiniones, pero en otras es demasiado tolerante. Su carácter es impredecible y desconcertante. Solo le podemos conocer a fondo si nos unimos a las críticas de sus adversarios, a la par de la idolatría de sus seguidores, y los pasamos por un escurridor de lógica objetividad. Prefiere abrazar sueños que parecen imposibles en lugar de confrontar las duras realidades de la vida”.
Cuando llegamos al rasgo 14 del cuestionario y que tenia que ver con que ¿tiene tendencia a ser vanidoso?, Chirinos se detuvo y afirmó: “Esto es cierto, Chávez tiene rastros de narcisismo”. En la número 15: ¿Manifiesta un autoritarismo desenfrenado que predispone a la gente en su contra? Me miró y dijo: “Sí, ésta característica es muy pronunciada en Hugo”.
Y así recorrimos todo el documento, usando una técnica con la que Chirinos describió a Chávez como una persona hiperactiva e imprudente, un hombre impuntual y que sobre reacciona a las críticas, abriga rencores, es políticamente astuto y manipulador, tiene un gran vigor, y nunca duerme más de dos o tres horas por noche.
Cuando me despedí de Chirinos, me enfatizó que el presidente venezolano está mentalmente sano y normal:”Excepto por su poder, el presidente no es muy diferente de usted o mi persona”.
La Casa Natal de Bolívar, una vivienda de un solo piso donde el Libertador nació en 1783, es uno de los pocos viejos edificios que aun permanecen dentro del agitado corazón de Caracas. La casa se puede aprecia en una pequeña plaza donde los niños juegan alegremente y los ancianos pasan el día sentados en banquitos. Flanqueada hacia un lado, se observan casas coloniales que ahora se han convertido en tiendas especializadas de venta de piñatas de colores chillantes del pájaro Tweety Bird y criaturas de Disneyland colgando desde toldos. Y justo a la par de la casa está La Sociedad Bolivariana, el recinto donde se reúnen los historiadores y aficionados para sostener pláticas y lecturas acerca del Libertador. Una indigente amamantaba a su pequeñito en la acera el día que por la tarde visítela casa del Libertador, y que ahora es un museo.
Ramón Vallecillos, su fastidioso curador, me mostró la blanca tina de mármol donde Bolívar tomaba el baño cuando niño, el vistoso dorado carruaje que perteneció a su madre, y para finalizar, el austero cuarto donde nació Bolívar. El cuarto está embrujado, me dijo Vallecillos, pues afirma haber visto al fantasma y escuchado los cascos de los caballos haciendo un ruido estrepitoso sobre la calle adoquinada en la parte trasera de la casa.
Casi todas las plazas de los pueblos de Venezuela se llaman Plaza Bolívar, en cuyo centro, usualmente, hay una estatua del Libertador que lo representa como un tipo delgado y de patillas largas con la vestimenta napoleónica. Y por las calles de Caracas, algunos vendedores ofrecen postres del Libertador y de héroes más recientes en el Partenón del culto como el Che Guevara, Ricky Martin, y Marilyn Mason. La actual moneda de Venezuela es el bolívar.
El 28 de Julio del 2001, Chávez celebró su cumpleaños número 47, tan solo cuatro días después del cumpleaños de Bolívar y el hito que también lo coloca en la edad que el Libertador tenía cuando falleciera en Diciembre de 1830, como el solitario y repudiado arquitecto del plan que trató de unificar políticamente a las Américas, desde México hasta Tierra del Fuego.
Bolívar liberó del yugo español a lo que actualmente son los estados de Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú, y Bolivia, pero su gran esfuerzo por la unificación terminó convirtiéndose en lo que él mismo amargamente calificó como “arar en el mar”. 170 años después, las repúblicas que una vez soñó con ver reunificadas, están ahora menos cerca una de la otra, comparado de lo que lo estaban en ese entonces. En los años que le siguieron a la liberación, estas repúblicas desarrollaron identidades nacionales diferentes, y casi todas ellas se enfrascaron una contra otra en sangrientas luchas territoriales.
Cuando Hugo Chávez tomó el poder en 1999, rebautizó a su nación con el nombre de la República Bolivariana de Venezuela, y cita desde entonces a Bolívar y todos sus logros, y afirma querer realizar el sueño del Libertador de querer ver un continente unido, lo que mejor podría entenderse como una genuina confederación de estados revolucionarios y similar a la actual Unión Europea, pero es aún muy difícil precisar.
Y así inició con su vasto plan, el denominado “Plan Bolívar”, que consistía en momento en la construcción de nuevos caminos, escuelas, hospitales y viviendas para personas de pocos ingresos. El nuevo “bolivarismo”, como lo llama, es su respuesta a lo que denomina “neoliberalismo salvaje”, una frase común en Latinoamérica para referirse a las medidas de libre mercado que empezaron por ser instituidas a mediados de los años setentas bajo el régimen de Augusto Pinochet en Chile y Carlos Menem en los años noventas en Argentina.
Los “neoliberales” favorecen el control de los salarios, reducción en el gasto público y la privatización de empresas estatales. También están en contra del control de tarifas y restricciones tanto en las exportaciones, como en las importaciones. Paquetes de austeridad a cambio de una renegociación de la deuda, son cosas centrales para el Banco Mundial y el Fondo Monetario. Pero Chávez dice que los arreglos influenciados por estas políticas de mercado como el NAFTA (que cuando fue instituido en México, fue hasta cierta medida la causa del surgimiento insurgente Zapatista ), solo han servido para beneficiar A la ”hegemonía global” de los Estados Unidos y no atienden adecuadamente los problemas básicos de Latinoamérica.
Pocos líderes latinoamericanos han sido tan provocadores como Chávez o han abrigado sueños grandiosos. Su lealtad dentro de la circunscripción electoral de Venezuela está orientada hacia los pobres, los cuales representan un 80 por ciento más o menos de los 24 millones de habitantes. Y su índice de popularidad anda por el 56 por ciento, menos que antes, pero todavía muy impresionante, dado el hecho que la pobreza, el desempleo y los crímenes violentos han alcanzado un nivel récord en el país. Más de 200 mil personas provenientes de la clase alta y media han emigrado a los Estados Unidos, Australia y Europa del Oeste, llevándose con ellos todo su dinero. Unos 8 mil millones de dólares salieron del país en el año 2000. Chávez culpa estos los problemas de Venezuela a la corrupción y negligencia de los pasados gobiernos y suplica que le tengan paciencia citando las palabras de Bolívar:
“Permanezcan firmes y todavía más firmes; tengan paciencia, y más paciencia”.
Chávez actúa como si anduviera en campaña, y en cierto sentido lo está. Ha ganado ocho referendums, los cuales le han permitido diseñar una nueva constitución que le asegura una extensa permanencia en el poder. También tiene una nueva Corte Suprema y un parlamento unicameral, el cual desde que aboliera el senado, está topado de sus aliados, y a las Fuerzas Armadas le ha dado un rol sin precedentes al otorgar puestos claves en su gobierno a algunos oficiales de alto rango.
Y sus enemigos dicen que se está convirtiendo en un caudillo dictatorial al estilo de Juan Domingo Perón y Fidel Castro. Es el aliado más cercano a Castro en el hemisferio, ha fastidiado a Washington como cuando visitó a Saddam Hussein, y prohibiera la vigilancia aérea estadounidense, mediante aviones que monitoreaban el tráfico de drogas sobre territorio venezolano. Y también se opuso al programa de ayuda militar valorado en 1,3 mil millones para su vecina Colombia para combatir el narcotráfico, argumentando dos razones: una que la ayuda llevaría a un escalamiento en la guerra con el resultado de muchos refugiados dirigiéndose a territorio venezolano, y segundo, que Estados Unidos no deberían involucrarse.
En el año 2000, Venezuela fue el segundo proveedor de crudo y sus derivados a Estados Unidos. La empresa estatal, Petróleos de Venezuela, tiene seis refinerías en territorio estadounidense, y es dueña a la vez de Citgo, la cual tiene la franquicia de casi 14 mil gasolineras a través del territorio estadounidense. Chávez fue instrumental en la decisión de la OPEP de reducir su producción en el año 2000, conllevando a una escalada en los precios del combustible y proveyéndole a Venezuela un ingreso adicional de 21 mil millones de dólares.
Venezuela es el tercer exportador de crudo después de Arabia Saudita e Irán, respectivamente.
Dennis Jett, quien fungió como embajador de Estados Unidos en Perú de 1996 a 1999, se refiere a Chávez “como la amenaza más grande para Latinoamérica, con la posible excepción de las FARC en Colombia”.
En 2000 diplomáticos estadounidenses pasaron la información a algunos reporteros, que bajo ciertas condiciones, Washington podría dar luz verde para un golpe de estado en su contra. Pero este tipo de retórica ahora ya ha desaparecido. Y es que a pesar de lo confrontativo e incendiario de su lenguaje, aún no ha hecho mucho para alterar la economía venezolana.
Por lo contrario ha incentivado la inversión extranjera y ha hecho contactos con líderes estadounidenses, al visitar los Estados Unidos en siete ocasiones para verse con hombres de negocios, editores de periódicos y políticos de ese país. Por otro lado, las elecciones que lo llevaron al poder fueron consideradas justas, no hay prisioneros políticos, la prensa no ha sido cortada a pesar de que hacen sátira de su persona, y por otro lado, los partidos de la oposición operan libremente.
Es difícil para el presidente Bush querer actuar en su contra. “La cuestión es que no tenemos una política para Venezuela”, me dijo un ex funcionario de la Administración Bush. “Al diablo con todo. Ni siquiera tenemos una política para Latinoamérica. La política es no tener ninguna política, porque no podemos controlar a Chávez sin quebrar la loza, y él siempre lleva un closet de loza a su alrededor”, afirmó el ex funcionario.
Chávez es un “creole mestizo”, como lo era Bolívar, y esto a pesar de que muchos cuadros que pintan al “Libertador”, nos los muestran como un hombre de piel blanca. Los rasgos de Chávez son de color bronce oscuro; tiene labios sensuales y sobresalientes; ojos profundos asentados debajo de densas cejas; su cabello es negro y rizado; una larga nariz en forma de hacha; y tiene una masiva mandíbula y mentón. Es una persona físicamente expresiva y parece tener una memoria casi fotográfica. Es todo un adulador con las personas con las que se ha encontrado tan solo una vez y se dirige a ellas por sus nombres y detalles personales. También es un bromista empedernido y con poco tacto. En un encuentro con Vladimir Putin en Moscú, se puso en posición de karate antes de saludarlo. Putin lo miro perplejo, pero luego se tranquilizó al tiempo que Chávez le hacia señales como que estaba bateando.”Escuche que eres cinta negra”, le dijo Chávez a Putin. “También soy beisbolista”, continuó.
Conversé con Chávez largo y tendido por primera vez en su residencia, una mansión estilo hacienda conocida como “La Casona”. Su asistente personal, un joven teniente de nombre Antonio Morales, me condujo por una veranda de columnas. Eran cerca de las nueve de la noche y Chávez se encontraba sobre el césped en una mesa de madera redonda bajo un árbol de mangos. Llevaba zapatos tennis, jeans color negro, y una larga camisa tipo túnica sin cuello con hombreras. Una pila de papeles, bolígrafos, y un par de celulares se encontraban sobre la mesa. Un empleado doméstico nos trajo copitas de café expresso, jugo de mango, uvas, y galletas saladas. Chávez es un adicto a la cafeína y uno de sus asistentes me comentó que cuando de repente se dieron cuenta de que Chávez se tomaba unos 26 expressos en el dia, mejor le empezaron a cortar la ración a 16 tacitas.
Chávez encendió un cigarro (lo cual no es parte de su imagen), mientras el teniente Morales merodeaba cerca, entrando ocasionalmente a “La Casona” para susurrarle algo al oído ó llevarle mensajes escritos sobre papel adhesivo. La mayoría del tiempo Chávez ignoró estas instrucciones y mejor escuchaba atentamente a mis preguntas y pareció un poquito incomodo cuando le cité a algunos de sus críticos más severos. “Generar sentimientos extremos en el pueblo es una consecuencia de la situación que tenemos”, me respondió reflexivamente y muy diferente a sus acostumbradas respuestas y pronunciamientos hiperbólicos. “Yo creo, como lo creía Marx y Bolívar, que los hombres como individuos no hacen Historia. No somos los que definen las cosas. Bolívar dijo ‘apenas soy una débil paja arrastrada por el huracán revolucionario’. Chávez se inclinó hacia mi y agregó, “un huracán se ha desatado aquí, lo sabes”.
Chávez se refería a los eventos de 1989, cuando disturbios anti gubernamentales estallaron en los barrios bajos de Caracas y se extendieron por el resto del país. Durante tres días de violencia, cientos de civiles, aunque no se precisa el número exacto, fueron asesinados. La matanza, que se conoce como “El Caracazo”, traumatizó a la sociedad venezolana. Los dos partidos, el social demócrata “Acción Democrática”, y COPEI de la democracia cristiana, controlaban el gobierno para ese entonces, como lo habían hecho desde 1958, cuando el “Pacto de Punto Fijo” fue negociado. “Punto finísimo”, fue creado para marginar a la izquierda y reducir la habilidad de otros pequeños partidos para crecer. Era un sistema increíblemente corrupto pero que funcionaba a la par de una economía que de verdad florecía mientras los precios del crudo se mantuvieran elevados. Sin embargo, para finales de los años 80 con los precios del crudo en decline , una mala gestión fiscal, y el indiscutible robo que hicieron sucesivos gobiernos venezolanos, se habían empezado a tener un costo: En febrero de 1989, el presidente Carlos Andrés Pérez accedió a un paquete de reformas económicas solicitado por el FMI y uno de sus efectos fue el incremento en el pasaje del transporte público, lo que precipitó amotinamientos y la intervención del ejército quien finalmente terminó abriendo fuego contra saqueadores.
“Para ese entonces yo era un simple soldado”, me dijo Chávez mientras conversábamos bajo el árbol de mangos en “La Casona”. “Era un simple soldado con un buen futuro y todo saliéndome de maravilla. Pero me tuve que preguntar: ¿Qué hago con este rifle? ¿Hacia donde lo apunto? Era una terrible crisis de conciencia. Ahora que el huracán se ha desatado ¿Qué hago? ¿Lanzo mi rifle y comienzo a correr y dejo de ser soldado? ¿Comienzo a dispararles a miserables campesinos? ¿O le apunto a todos aquellos que nos han llevado a esta situación? Mis camaradas y yo, decidimos tomar el camino de Bolívar que una vez dijo: ‘Maldito sea aquel soldado que ponga sus armas en contra del pueblo”, afirmó.
Y de hecho, Chávez ya había estado conspirando desde 1982, cuando un grupo de jóvenes oficiales denominado “Movimiento Revolucionario Bolivariano” comenzó a analizar los planes para una junta revolucionario. El “Caracazo” tomó por sorpresa a Chávez y a sus jóvenes conspiradores, pero estos vieron el suceso como una señal de que su momento se acercaba. En febrero de 1992, cuando todos ellos ya estaban al mando de tropas dentro de lugares estratégicos por toda Venezuela, dieron un golpe de estado. Varias ciudades y cuarteles fueron capturados, pero Chávez, quién estaba supuesto a tomar el palacio Presidencial de Miraflores, se topó con que su posición se encontraba rodeada por tropas leales al gobierno. Cuando varios de sus soldados ya habían muerto, Chávez decidió rendirse para evitar, según sus palabras, más derramamiento de sangre. Unas 17 personas murieron durante la revuelta, incluyendo algunos civiles. Chávez fue puesto bajo custodia y horas después se le permitió hablar en vivo por cadena nacional de televisión para persuadir a sus rebeldes conciudadanos a deponer las armas. Su aparecimiento por televisión solo duró 32 segundos.
Durante esos 32 segundos, vestido con sus ropas militares y boina roja de paracaidista, Chávez hablo calmadamente y elogió el coraje de los rebeldes: “Camaradas, los objetivos que nos habíamos planteado, no ha sido posible conseguirlos por ahora, pero nuevas posibilidades surgirán, y el pueblo será capaz de encaminarse a un mejor futuro. Yo asumo toda la responsabilidad de este levantamiento Bolivariano”. Sus palabras “por ahora”, no pasaron desapercibidas para nadie, y desde ese momento, Chávez se convirtió en héroe nacional. La rebelión había culminado. A él y a otros oficiales se les juzgó por una corte marcial. Chávez fue enviado a la prisión de Yare a unas 35 millas de Caracas.
Yare es un lugar horrible: Dentro de dos bloques color blanco en la parte trasera de la prisión, las paredes lucen picadas por fuego de balas y salpicadas con cortinas de excremento provenientes de destrozados escusados, mientras que el suelo parece toda una alfombra de masa oleaginosa debido a las aguas residuales y la supurante basura. Allí, están asignados los reclusos más peligrosos y que se las arreglan por sus propios medios para irla pasando. Sobre algunos espacios de ventanas cuyos barrotes han sido arrancados, se ven prisioneros sin camisa que posan como cuervos vigilantes.
Estuve en Yare en un día caliente y sin brisa, en esos momentos cuando el hedor de los prisioneros parece afianzarse del aire como veneno. El inspector Manuel Lugo, un funcionario correccional de los mas antiguos y ex alcalde de Yare, se había ofrecido para enseñarme el recinto pero solo desde afuera. Mientras nos acercábamos manejando al perímetro de la prisión, logre ver que también las torres de vigilancia estaban plagadas de hoyos de bala, y justo cuando nos acercamos adyacentemente a los bloques color blanco, Lugo le metió el pie al acelerador, y me dijo: “No podemos permanecer aquí, nos pueden disparar”. Luego me explicó que muchos de los 1,100 prisioneros tienen armas. “Solo hay seis guardias de servicio”, dijo el ex alcaide de la prisión. Y no hay presupuesto para contratar mas guardias. “Es una situación imposible”.
Una generación de jóvenes que nacieron en la pobreza y que tienen acceso a drogas y armas, son los que mantienen los niveles de crímenes asombrosamente elevados. Lugo dice que de los 90 extraños homicidios en Venezuela en un fin de semana, cuando la violencia se dispara, un tercio de ellos son probablemente ejecuciones extrajudiciales hechas por policías. Muchos policías no encuentran otra manera de ejercer su labor y es una de las razones por la que Lugo fue simpatizante de Chávez. Medidas que tenían un carácter de emergencia fueron necesarias para solucionar los problemas y solo Chávez parecía la única persona preparada para llevar a cabo el trabajo.
Ya fuera del alcance de tiro desde los bloques de celdas, Lugo me presentó con Virginia, quién es la secretaria del psicólogo de la prisión. En sus últimos cuarentas, de apariencia dura, pelo rapado y teñido de color caoba y sin un par de dientes, Virginia dijo que conoció a Chávez muy bien mientras estuvo encarcelado en Yare. Cada mañana, Chávez se sentaba en su silla sobre un patio cerrado pero al aire libre y que había sido construido especialmente para él fuera de su celda. Había un busto de Bolívar en el lugar y Chávez le hablaba cada mañana. Lugo también dijo haber visto a Chávez hacer lo mismo: “El acostumbraba a darle vuelta al busto para que quedar de frente”. Virginia asintió con la cabeza.
En la ocasión de mi visita, Virginia le escribía una carta a Chávez donde le pedía que le ayudara a rentar una de las casas construidas cerca de Yare para personas de bajo ingreso y estipuladas dentro del “Plan Bolívar”. Ella necesitaba un lugar para si misma, me explicó, ya que se encontraba enemistada con su esposo, quien era guardia nacional, y aún compartían la misma casa. Ella atribuyó la ruptura del matrimonio a los celos de su esposo por Chávez, pero rió estridentemente y me hizo este comentario. “Yo no miro a Chávez como amante, continuó diciéndome. “Lo admiro porque tiene el bicho (pene) lo suficientemente grande para pararse por el país”.
En noviembre de 1992, a nueve meses del primer intento de golpe de estado, un grupo de oficiales de la Fuerza Aérea, entre los que se encontraban algunos de los aliados de Chávez, intentaron nuevamente derrocar al gobierno. Este esfuerzo también fracasó y fue más sangriento. El palacio de Miraflores fue bombardeado desde el aire, y los rebeldes se enfrentaron a los partidarios leales al gobierno en batallas callejeras. Un esfuerzo armado fue hecho para tratar de liberar a Chávez de Yare, pero también este fracasó. Al final, más de 170 personas murieron, incluyendo decenas de civiles. El orden fue restaurado, pero el sistema político de Venezuela había comenzado a desenmarañarse. En Junio de 1993, el Presidente Carlos Andrés Pérez fue impugnado por el Congreso después de que su propio partido le retirara el apoyo, y puesto en arresto domiciliario a la espera de ser juzgado por actos de corrupción. A finales del mismo año, un anciano político, el ex Presidente Rabel Caldera, ganaba las elecciones independientemente y se afianzó un 29% de los votos. Los dos partidos principales del país, COPEI y Acción Democrática, estaban fuera del poder por primera vez en 35 años. Y para Marzo de 1994, el Presidente Rafael Caldera firmaba una orden que ponía en libertad a Hugo Chávez y sus rebeldes. Ya libre y junto a su camaradas militares y algunos partidos de izquierda ahora en coalición, Chávez lanzó un nuevo partido al que llamó Movimiento Quinta República. Para Diciembre de 1998, Chávez era elegido como Presidente de Venezuela con un 56% del voto.
En esa primera noche de mi encuentro con Chávez en “La Casona”, su esposa, Marisabel, una delgada y atractiva rubia de 36 años vestida en camiseta y pants, deambulaba cerca del césped donde me sentaba con su esposo. La acompañaba la hija de ambos, Rosinés, una niñita de tres años, rellenita, pelo color café y despeinada. Dando volteretas para llamar su atención Chávez la tomó en sus brazos y le cantó mientras Marisabel los observaba. Ella estaba a poca distancia de nosotros y conversaba por un celular. Minutos después se acercó para comentarle a Chávez que su padre, a quién solo tres días atrás le habían hecho una operación de corazón abierto, ahora tenía neumonía. Marisabel lucía preocupada y Chávez le murmuró algo, pero parecía bastante distraído. Justo entonces, Morales volvió a aparecer para traerle más mensajes al Presidente. Mientras él y Chávez conferenciaban, yo y su esposa conversábamos. Al final de nuestra conversación, Marisabel retornó al interior de la casa con Rosinés. En una entrevista para una revista pocas semanas atrás, Marisabel confesó que ser la esposa del presidente era algo difícil y solitario, y en la fotografía de portada, aparecía llorando.
Según lo relató en la revista, ello conoció a Chávez en 1996 cuando trabajaba como columnista social en la ciudad de Barquisimeto y él hacía campaña en la ciudad. Marisabel se le acercó y puso una nota en sus manos. Rápido los dos se enfrascaron en un affair, y Marisabel quedó embarazada de Rosinés. Ambos contrajeron nupcias en una ceremonia privada en 1997 cuando Rosinés tenia tres meses de nacida. Marisabel ya tenía un hijo joven proveniente de otro matrimonio, mientras que Chávez ya tenía tres: Dos hijas y un hijo, de su primera esposa, originaria ella del pueblo natal de Chávez en el estado rural de Barinas. Ambos se divorciaron cuando Chávez salió de la prisión. Los detractores de Chávez especulan que cuando decidió lanzarse para la presidencia, se dio cuenta de que necesitaba llevar una vida más glamorosa.
Su atractiva esposa de ojos azules parecía calificar para convertirse en Primera Dama, a pesar que después de las elecciones presidenciales de 1998 tuvo que ser hospitalizada por stress.
“La verdad es que Chávez tiene problemas en su matrimonio”, me dijo uno de sus amigos, y al que también le preocupaba el bienestar emocional del Presidente. El tiene “problemas de comunicación” con sus tres hijos mayores. “Sus dos hijas le resienten que haya abandonado a su madre, y también tiene problemas con su hijo”. Como salida rápida, me explicó, Chávez los había mandado a estudiar a Cuba, en donde su amigo, Fidel Castro, los podía cuidar.
Me acordé de las observaciones del Dr. Chirinos acerca de la sensibilidad de Hugo Chávez y su tendencia para llorar, y le pregunté al Presidente Chávez si compartía la trágica visión acerca de la vida que tejía Bolívar. Y es que Chávez habla siempre de su voluntad de morir al servicio de la patria y se han escuchado especulaciones de que tiene complejo de mártir. Había meditado acerca de este asunto días atrás, durante una ceremonia oficial para depositar una corona en la tumba del “Libertador”. Chávez llegó a la ceremonia acompañado de los Presidentes de México y Colombia, y ambos usaban chalecos anti-balas, mientras que Chávez no, y le pregunté ¿por qué?. “Nunca uso” me respondió. Este asunto vuelve paranoicos a sus guardaespaldas, tanto, que hasta el mismo Fidel Castro, según Chávez, le ha dicho “miles de veces” que se cuide mejor. “Es posible que tenga algo de eso…..ese sentido trágico de la vida”, me reconoció. Se acordó que en vísperas del levantamiento en 1992, se había despedido de su esposa y sus tres hijos, y había sacado a sus soldados de las barracas, pues tenía que ser el último en retirarse. Le echó llave a la puerta principal y se deshizo de la llave. “En ese momento me di cuenta de que le estaba diciendo adiós a la vida, así que es posible que uno haya sido imbuido con eso ¿no crees? Luego me dijo con pesar, y lo cual es algo que no quiero llegar a creer, referente a que Castro, durante un discurso ante La Asamblea Nacional Venezolana, “le había expresado su preocupación por su seguridad” y dijo: ‘cuiden a este hombre por mí, porque sin él, está revolución concluirá inmediatamente’ “ . Chávez se rió y continuó: “Desde entonces, a cualquier lugar donde vaya, la gente se me acerca por las calles y me dicen: ‘Cuídate’.”
Venezuela es casi el doble que España con 350 mil millas cuadradas. Se extiende desde el caribe suramericano hasta la cuenca del Amazonas, donde se vincula a Brasil por un único camino a través de la jungla. Colombia y las montañas de los Andes le quedan al oeste, y hacia el este le queda la colonia Británica de Guyana. Una porción considerable del territorio de Guayana ha sido reclamado por Venezuela de vez en cuando desde el siglo diez y nueve, y los mapas se refieren a esa porción como “zona en disputa”. El corazón de Venezuela lo cubren en su mayoría grandes llanos, planicies aluviales que alimentan el río Orinoco y que son inhabitables salvo algunas comunidades de indígenas, algunos lúgubres pueblos agricultores y gigantescos ranchos de ganado.
Más de un 80% de los venezolanos vive en un hilo de ciudades cerca de la costa caribeña, la mayoría alrededor de Caracas, y cuya población es de cinco millones. Quedan pocos indicios del pequeño lugar que era Caracas hace 50 años. Los papagayos vuelan por encima de la cabeza dando graznidos antes del atardecer, y entre una confusión de condominios de ladrillos color rojo que ahora reemplazan a los viejos barrios suburbanos, se observan algunas viejas villas con jardines. Los Caraqueños, como los habitantes de Caracas se refieren así mismos, han adoptado un estilo de vida parecido al norteamericano. Aquellos que se pueden dar el lujo conducen automóviles, llevan celulares, comen comida rápida y hacen sus compras en los malls. La ciudad tiene una creciente cultura de playa y muchos clubes para la salud. Las vayas llevan publicidad para la pérdida de peso, tratamientos de liposucción, y promocionan escapes de fin de semana a la isla Margarita, Curacao, ó algunos de los otros “resorts” que se encuentran cercanos a la costa caribeña.
Asentamientos de casas construidas con ladrillos y hojalatas y rodeados de basura no recolectada, cubren las laderas en las orillas de la ciudad. Sus indigentes, algunos de ellos peludos, apestosos, y claramente mentalmente enfermos, deambulan por los parques y carreteras, ó acampan entre la basura y fogatas sobre las líneas divisorias de las grandes autopistas bajo los puentes ó sobre las orillas del río Guaire, el cual no es más que un depresión para aguas residuales al aire libre que corre por el corazón de Caracas. Los ricos Caraqueños mientras tanto, viven resguardados en comunidades tras puertas de metal, guardias armados, cámaras de vigilancia, defensas electrificadas, razor, y sensores de movimiento. Debido a las extremas divisiones sociales, Caracas se ha convertido en una de las ciudades más peligrosas de Latinoamé4rica. Mientras estaba allí, el diario “Tal Cual” publicó un articulo en el que daba asesoría para sobrevivir a un secuestro: “A pesar de que es algo muy difícil, trate de no deprimirse. El período del rapto puede ser largo y angustiante. Lo pueden tener incomunicado y puede pasar varios meses sin recibir mensajes de su familia. Acuérdese de que lo más importante es que usted puede sobrevivir a todo esto. Las estadísticas demuestran que un 95% de los secuestrados retornan con vida”.
Los venezolanos son grandes creyentes de los milagros. Entre la clase media por ejemplo, los mejores libros de lectura son predominantemente importaciones Yankee de temas de la Nueva Era y una variedad de literatura acerca de la auto-estima. Los ángeles también son populares.
En un mall de Caracas vi una exhibición de efigies ornamentales de ángeles, la mayoría una variedad de niños cherubines dorados con alas y expresiones beatíficas. La exhibición había atraído a una gran multitud. Dicha fascinación de los venezolanos por estas cosas tiene sus raíces en el espiritismo, la brujería, y tipos de fe sincretistas, siendo la más dinámica y esparcida de todas ellas, el culto a Maria Lionza, una mítica diosa que se representa blanca, desnuda, y ondeante cabello, montada sobre un tapir. Es un culto que combina elementos del catolicismo y religiones Afro-Caribeñas. Y hay otra variedad de deidades menos conocidas que representan varias categorías o “cortes”, dentro de las cuales la más poderosa es la “Corte del Libertador” y que venera a Bolívar. Yolanda Salas, una socióloga experta en Maria Lionza, dice que el Presidente Chávez es conciente de este fenómeno y lo explota. “En la mente de gente ordinaria, las historias sagradas y patrióticas ocupan un mismo lugar. No hay una línea divisoria clara entre ambas, y ese es el espacio en que se mueve Chávez”.
Así como Fidel Castro, que reemplazó la forma burguesa de decir “señor”, con la frase aparentemente más igualitaria de “compañero”, Chávez también ha resultado con sus propios términos para referirse a los ciudadanos: Ellos son “el soberano”. Y los partidarios de Chávez se refieren así mismos como “chavistas” ó “bolivarianos”, justo como también lo hacen los cubanos que se denominan así mismos como “fidelistas” ó “revolucionarios”. Chávez también le ha subido el status a un millón de niños que antes eran conocidos como “niños de la calle”. Ellos son ahora “los niños patrios”. E igualmente ha hecho con los damnificados de desastres naturales como los del deslave en 1999 cuando murieron entre 30 mil y 100 mil personas. Ellos son ahora “los dignificados”.
El 19 de Abril, día que marca la independencia de Venezuela, Chávez estaba programado para dirigirse a “el soberano” en la Plaza Bolívar en Caracas. Se había alejado por unos días en Colombia para un encuentro con otros líderes latinoamericanos, pero también había dicho que retornaría para el evento. Sin embargo a último minuto, cambió de opinión y viajó a Québec, donde la Cumbre de las Américas estaba a punto de ser convocada. Me enteré de esto en las noticias de la mañana pero decidí de todas maneras asistir a la Plaza Bolívar. Unas mil personas estaban reunidas cuando llegue al lugar y me di cuenta de que no sabían del cambio de planes. La mayoría trataba de estar lo más cerca posible del podium y unos grupos de simpatizantes que habían viajado desde lugares tan distantes en el interior, llevaban pancartas con mensajes tales como: “Chávez, somos campesinos de la reserva forestal de Ticopolo en Barinas y queremos hablar con usted”. Le pregunté a uno de los que sostenían la pancarta, un agricultor de apariencia sólida, llamado Jesús Eduardo Méndez, qué era lo que él y sus amigos querían hablar con Chávez. “Necesitamos mejores escuelas para nuestros hijos”, me dijo Méndez, pero también agregó que su presencia no debía entenderse como crítica al Presidente Chávez, quién seguramente desconocía de su situación.
Al tiempo que la banda militar comenzaba a ejecutar música patriótica y demás dignatarios se reunían en el escenario, me movilicé hacia el frente de la muchedumbre para unirme a las sudorientas masas de humanidad que envuelven a Chávez a donde quiera que vaya. La mayoría de las personas eran mujeres con cartas en sus manos en las cuales le describían sus problemas. Ana Álvarez, una mujer que lucia ansiosa y preocupada y de 34 años de edad, había viajado desde San Cristóbal, un pueblo localizado entre la frontera oeste con Colombia. Hacía un año, me dijo, que la habían despedido injustamente de la oficina del seguro social. Le había escrito en varias ocasiones a Chávez explicándole su problema pero no había recibido respuesta. Así que había llegado a Caracas con la esperanza de verlo personalmente, entregarle la carta, y explicarle su caso. Ana tenía poco dinero y tenia que retornar a su casa el siguiente día. Me preguntó si pensaba que Chávez iba a llegar, a lo que le respondí de la manera más suave y cortes que pude, de que no iba a aparecer. ¿Está seguro? me dijo. Le asentí con la cabeza y comenzó a llorar. Traté de confortarla y le dije que probablemente en pocos días vería a Chávez y podía entregarle la carta. Ana se tranquilizó, me dio el sobre, y en pocos minutos estaba siendo abordado por otras mujeres que me rogaban para llevarle sus casos a Chávez, y me insistían que nadie en el gobierno las ayudaría.
La idea de las cartas no es algo único entre mujeres no sofisticadas y que provienen de las provincias. Generalmente se tiene la opinión de que Chávez es sincero en sus ideas y planes para el gobierno, pero a la par también existe el sentimiento de que es incapaz de cumplirlas porque su gobierno está compuesto de incompetentes bien intencionados, oportunistas descarados y sinvergüenzas. “El problema de Chávez es su falta de interés en darle seguimiento a las cosas”, afirma Pastor Heydra, un diputado de Acción Democrática. Heydra y yo nos reunimos para almorzar en un restaurante de Caracas. Tenía un revólver en la cintura y se toma tres wiskis triple en menos de media hora. Pero a pesar de su harto cinismo acerca de la nueva “revolución bolivariana”, me expresó una cierta ambigua compasión por Chávez. ”Chávez no es el único revolucionario en todo esto. El es un romántico. Nadie más cree en esta mierda”.
Chávez es un showman natural. Durante su acostumbrado programa de radio y televisión , “Aló, Presidente”, que se transmite en vivo y dura horas y horas, acostumbra a regañar a sus críticos, amenaza a sus enemigos, canta (con gusto pero malamente), recita poesía, tira chistes, y generalmente exagera su actuación. De manera insoportablemente y detallada, le dice a sus televidentes todo lo que ha hecho ó está por hacer; rememora acerca de su infancia; cita a John Kenneth Galbraith a quién admira por sus teorías en “Una Sociedad Opulenta” que trata de las inigualdades en el capitalismo moderno, y tanto, que hasta se denomina ser un Galbraithiano; lee a Marx; la Biblia; y sobre todo, Bolívar. Cuando ha estado de viaje, generalmente señala sobre el mapa los lugares que ha visitado, expone las folclóricas historias de bolsillo de esos lugares, exalta su belleza, y describe la gente que encuentra. Por ejemplo, cuando visitó el pueblo de Zárate, “Aló, Presidente”, incluyó un video de él asistiendo a unos doctores militares durante una operación mientras sostenía una lámpara. Dirigiéndose a su audiencia les dijo en broma: “¿Ya ven? Ahora hasta puedo operar”.
Estas cosas pegan bien con los venezolanos de origen pobre, pero otros consideran sus monólogos como algo muy irritante. “Vistes a nuestro príncipe payaso la otra noche?” Es una de los típicos comentarios después de su acostumbrado “Aló, Presidente”. Muchos venezolanos de tez blanca y de la clase media, desprecian a Chávez, y hay cierto grado de esnobismo en sus comentarios:”El peón se ha tomado la finca”. Un financiero de impecable ascendencia ibérica y que me invitó a almorzar un día en su casa, me dijo con cara de disgusto cuando su sirviente negro nos traía las bebidas “que se sentía avergonzado de tener a ese mono como Presidente”. Chávez está prácticamente aislado de los líderes de negocios de Venezuela, y según me lo dijo un ex funcionario del Departamento de Estado: “Esta gente probablemente nunca antes se habían encontrado con alguien como él, a excepción talvez del muchacho mandadero de la casa”.
En 1999 Chávez firmó un acuerdo renovable de cinco años con Cuba para proveer a la Isla con un tercio de sus necesidades de crudo a grandes precios de descuento. En pago, Fidel Castro acordó en mandar cientos de maestros, doctores e instructores de atletas a Venezuela. Los 300 instructores de deportes fueron los primeros en llegar y Chávez les dio la bienvenida en un estadio de Caracas. “La llegada de los instructores de deportes es parte de la estrategia”, le dicho a la muchedumbre. “Así como Cuba escogió el camino revolucionario con sus propias características hace cuarenta años, la revolución Bolivariana está dando sus primeros pasos ahora”.
Una semana después, asistí a un rally que protestaba por un proyecto de reforma de ley sobre la educación y que consistía en la expansión de escuelas especialmente financiadas para niños pobres. Cientos de profesores cubanos enseñan en dichas escuelas. La muchedumbre en el rally, unas 3 mil personas aproximadamente, era solidamente blanca a excepción de un hombre de tez obscura y que estaba vendiendo café. Se habían congregado en las afueras de una galería comercial en frente de McDonald’s. Mientras que un líder anti-chavista hablaba desde el escenario, otros en la marcha se movían de lado a lado, tomándose video, y sostenían banderas con mensajes tales como “queremos ciudadanos, no militantes”, “No se metan con nuestro niños”, “No a la cubanización”, “Educación Sí, indoctrinación No”, etc, etc.
La oposición a Chávez está aún desorganizada y fragmentaria, sin embargo ha habido protestas y huelgas de sindicatos que sienten que él está tratando de diluir su poder. Cada vez que se siente desafiado, Chávez se pone a la defensiva y tilda a sus críticos ”oligarcas” y “mentirosos”, y los acusa de conspirar para sabotear al gobierno. Después de que un acaudalado ranchero fuera asesinado por un grupo de campesinos que se habían tomado su tierra, los voceros de la Asociación de Rancheros, acusaron a Chávez de incitar a la violencia por medio de sus constantes declaraciones acerca de las necesidades de campesinos sin tierra. Le advirtieron que de continuar las ocupaciones, se defenderían con pistolas. Y Chávez los amenazó con arrestar a todos aquellos que trataran de organizar grupos al estilo de los grupos paramilitares de Colombia. “Solo hay una fuerza legal armada en Venezuela”, les advirtió durante un mensaje televisivo y continuó: “Yo soy su único comandante en jefe, no lo olviden”.
Rumores de movimientos dentro de la fuerzas armadas en contra de Chávez siempre están circulando por Caracas, pero parecen provenir más que todo, del Frente Institucional Militar, y el cual está constituido por oficiales retirados del ejército. El FIM está dirigido por Fernando Ochoa Antich, un hombre formal y grande, en sus últimos 50s. El vive en un apartamento que tiene centinelas armados y una señal afuera que dice que a los carros ilegalmente estacionados se les pincharán las llantas “Está surgiendo un movimiento dentro de la oposición para quitarle el asiento a Chávez, por medios que no son ni convencionales, electorales o democráticos”, dijo Antich. “La esperanza es que la situación no produzca otro golpe militar y que se va enfrentar a través de medidas constitucionales”. Por medidas constitucionales, explicó Antich, se entiende un escenario en el que Chávez “renuncia” voluntariamente a la presidencia. Sin embargo reconoció que es algo poco probable y agregó “que yo soy de aquellos que creen que eventualmente las fuerzas armadas serán un factor desestabilizador para el régimen de Hugo Chávez”. Como cree que esto podría darse, le pregunté. “No lo se”, me respondió, “pero estamos convencidos que una Venezuela democrática y pluralista no puede existir con Chávez”. No hay otras alternativas mientras Chávez esté sobre el escenario”.
Chávez afirma que la mayoría de los miembros de las fuerzas armadas de Venezuela le son leales, pero a mi me reconoció personalmente que no en “un cien por ciento”. Cuando rumores de un golpe de estado se hacían más fuerte en el año, Chávez remodelo al alto mando militar y nombra a su Ex Ministro de Relaciones Exteriores, José Vicente Rangel, un hombre de su confianza, como el primer ministro de defensa civil en 17 años. Luego trasladó las funciones diarias de gobierno a dentro de las instalaciones del Fuerte Tiuna en las afueras de Caracas. Les subió los salarios y promovió a nuevos oficiales a ocupar puestos claves, desembolsó grandes sumas de dinero provenientes de las ganancias del crudo y los inyectó en el programa de Acción Cívica Militar del Plan Bolívar.
Antes de que se convirtiera en Presidente, a Chávez se le negó la visa de entrada a Los Estados Unidos por su role en el intento de golpe de estado en 1992, pero le dieron una después de ser electo. Le hizo de pitcher cuando estuvo en el estadio de Los Yankees, pegó con el martillo durante su visita a la Bolsa de Valores de Nueva York, y fue recibido por el Presidente Bill Clinton en la Casa Blanca. John Maisto quien era el embajador estadounidense en Caracas durante la administración Clinton, era uno de los que abogaba por Chávez porque dejó intactos los intereses estadounidenses en Venezuela y promovía la inversión extranjera. “Observe lo que Chávez hace, no lo que dice”, me aconsejó Maisto. La política de Clinton en ese entonces fue la de evadir toda confrontación con Chávez que pudiera poner en peligro las importaciones de petróleo y otros ingresos relacionadas al crudo. El estado Venezolano es el dueño del crudo y la compañía estatal controla las exportaciones y las ventas, pero su exploración y extracción están parcialmente privatizadas y las compañías extranjeras ganan millones en Venezuela. “Bill Clinton y Dubya (apodo de George Bush) no han querido meterse con Chávez”, me dijo un asesor de Bush. “Mientras que Houston y las grandes compañías de crudo estén contentas, nosotros no vamos a decir nada para no joder las cosas”.
El venezolano Robert Bottome, un analista económico que publica un boletín informativo para sus subscritores, cree que el precio del petróleo va a determinar las políticas de Chávez. El crudo representa tres cuartos de todas las exportaciones venezolanas. “Si el precio del crudo se dispara, creo que Chávez cubanizará la economía”, afirmo Bottome. “Si el precio baja, entonces creo que no será capaz de hacerlo y tendrá que abrir la economía aún mas”. Pero lo que a Bottome le preocupa es que Chávez tomará un dirección hacia la izquierda pase lo que pase.”Su discurso viene directo de los años 60, y sus asesores económicos también vienen de los 60s”. Son personas que han estado dentro de una torre de marfil en los últimos 40 años hablando unos con los otros y no han aprendido nada del mundo exterior”.
Los izquierdistas más extremos de los cuales a Chávez se le acusa de mantener cierta clase de relación, son los guerrillas marxistas de las FARC y la otra pequeña facción guerrillera, el ELN, ambos de Colombia. Chávez asegura que su posición es neutral entre la guerra que el ejército colombiano, las organizaciones paramilitares, y los guerrilleros, tienen entre si desde hace cuarenta años, y se ha ofrecido para mediar en las negociaciones de paz. En el año 2000 sin embargo el ejército colombiano incautó un alijo de rifles de asalto a un grupo de guerrilleros, los cuales dijeron haberlas recibido de un lote de armas del ejército Venezolano. Unos meses después, dos altos representativos de las FARC fueron invitados a sostener pláticas en Caracas, y un guerrillero del ELN que era buscado en Colombia bajo cargos de secuestro, apareció en Venezuela y se alega que hasta estaba bajo protección oficial. El líder de las FARC, Manuel Marulanda, niega que hayan tenido contactos directos entre su organización y el Presidente Chávez, pero afirma que estaría interesado en “trabajar juntos en un futuro”.
Marulanda asegura que desde que Chávez es Presidente, las relaciones en la frontera que comparten, han mejorado. Sin embargo, los rancheros venezolanos se quejan de hostigamientos y extorsiones por parte de guerrilleros colombianos que cruzan la frontera para robarles el ganado. Así como los rancheros cuyas tierras han sido ocupadas por organizaciones campesinas, los rancheros de la frontera aseguran que el Presidente Chávez no ha hecho nada para protegerlos y se han visto obligados a recurrir a tácticas de grupos vigilantes. En el pueblo de San Cristóbal, me encontré con un hombre de nombre Otto Ramírez, quién me dijo que ya había empezado a organizar un escuadrón de la muerte al estilo de los grupos paramilitares colombianos para combatir a las guerrillas. Ex veterinario, pequeño, calvo y en sus últimos 50 años, Ramírez asegura que tuvo que recurrir a tácticas vigilantes en1998 después que guerrilleros invadieran su rancho y asesinaran a su cuidandero. El ex veterinario, quien tuvo que salir de su escondite para darme la entrevista, también me afirmó que había estado en contacto con el ahora difunto “señor de los paramilitares”, Carlos Castaño, y a quien admiraba enormemente. Me dio a entender que Castaño le había enviado unos combatientes para “ayudarlo”. Castaño tenía un ejército de unos 8 mil hombres bien armados, los cuales eran famosos por torturar a sus victimas y decapitarlas con machetes. Y Ramírez se jactaba que él y “sus muchachos” ya estaban activos. Cuando le pregunté que significaba estar activo, me respondió:”Algunas eliminaciones, la mayoría de ellos de bajo perfil” (Mensajeros de guerrilleros y contactos). Sonrió ampliamente y me dijo que no podía contarme más por miedo a ser arrestado. ‘Cuando el tiempo está de nuestra parte cruzo a territorio Colombiano”, aseguró. El podía dirigir sus operaciones desde allí.
En El Nula, un pequeño pueblo a unas pocas horas de viaje en automóvil al sur de San Cristóbal, conocí a una mujer llamada Elizabeth (pseudónimo) que trabaja como contacto para las FARC y quien dijo ser uno de los blancos de “los muchachos” de Otto Ramírez. Desde la edad de 12 años fue combatiente activa en las FARC, pero hace pocos años fue arrestada en un control de carretera del ejército venezolano fuera del pueblo. El día en que fue capturada, Elizabeth estaba sola y desarmada, pero tenía un pasamontañas en el carro, que era todo la evidencia que el ejército necesitaba. “Me agarraron por estúpida”. Durante el tiempo en que permaneció bajo custodia, el ejército la torturó y su cadera quedó permanentemente dañada por lo que ahora cojea al caminar. Un tribunal militar la sentenció a 28 años de prisión por “rebelión militar”, pero en el 2000 fue puesta en libertad bajo una amnistía. Y desde entonces, ha sido la colectora de impuestos de las FARC y ha dirigido a una pandilla de jóvenes, quienes en ocasiones vagabundean bien adentrados en territorio venezolano para llevar a cabo sus funciones.
“Las FARC y Chávez tienen un entendimiento”, dijo Elizabeth. Desde que Chávez llego a el poder, me explicó, las FARC acordaron cesar sus operaciones para conseguir fondos dentro de Venezuela, pero sin embargo, aún ejercen su poder y actúan como árbitros de los problemas que surgen a través de la porosa frontera.”La mayoría son problemas por caballos y ganado y la tierra”, afirma. Recientemente por ejemplo, un acaudalado ranchero le había pedido que las FARC se encargaran de deshacerse de unos invasores de sus tierras.”Este ranchero se dirigió a nosotros en lugar del ejército venezolano”, afirmó Elizabeth orgullosamente. ‘Este ranchero es rico, educado y viaja mucho a Miami, pero nos prefiere a nosotros….confía mas en nosotros”. Ella se fue hacia las FARC de parte de él, y tres combatientes de las FARC llegaron luego para perseguir a los invasores de la tierra. Muchos de los venezolanos con los que conversé en El Nula me confirmaron las aseveraciones de Elizabeth y le dieron el crédito a las FARC con haber convertido al Nula en un lugar más seguro para vivir que otros pueblos venezolanos. Santos Moncada, quien es dueño de un rancho de ganado en las afueras del pueblo, dice que en su opinión las guerrillas fueron justas al dispensar justicia. “Debido a la autoridad de las FARC, las personas pueden dejar sus carros sin llave y caminar con su joyería sin preocuparse. Usted jamás podría hacer eso en Caracas”, aseveró Moncada.
A Elizabeth no le gusto el término “narcoguerrillas”, el cual se usa ahora para denominar a las FARC. “Jamás vi ninguna droga en mi vida hasta que estuve en la cárcel”, alega ella. “Las FARC no trafican con drogas; solo hacen que los traficantes les paguen un impuesto para tener fondos para los muchachos que no reciben salarios, y comprarles botas, uniformes, y comida”. (El dinero para el esfuerzo de la guerra ha de venir de algún lado). Lo único que ella afirma resentir es que su herida le arruinó sus posibilidades de convertirse en una comandante guerrillera. “Creo que nací para ser líder”. Le pregunté si no le daba temor el que la capturaran nuevamente.”No hay nada que el ejército ó la policía me puedan hacer”, me respondió de manera insolente. “Todo lo que hago es llevar mensajes aquí y allá, lo cual no es un crimen. Y además, tengo un perdón Presidencial”. Le pregunté ¿cual era su opinión de Hugo Chávez? “Me cae bien”, respondió. “El quiere igualdad entre las clases sociales”.Hizo una pausa, y afirmó con una gran sonrisa dibujada en su rostro: “El es un guerrillero, eso es lo que es”.
Hugo Chávez fue el segundo de seis hijos entre Elena Chávez Frías y Hugo de Los Reyes Chávez, ambos pobres y profesores de primaria en el estado occidental de Barinas. Hugo, Jr., su hijo, era un ávido beisbolista y lector de historia. Ingresó al ejército como cadete a la edad de 17 años y se graduó de la academia militar de Venezuela en 1975 con un titulo en artes y ciencias. Fue asignado a un batallón que tenía como órdenes aplastar el levantamiento liderado en Barinas por la neo-organización maoísta “Bandera Roja”.
Chávez ha dicho que durante la campaña anti-guerrilla en Barinas, es cuando comenzó a sentir simpatía por el pueblo y la causa revolucionaria. El dice que tanto su persona, así como otros de sus amigos, no tenían idea ni la menor idea de lo que iban a hacer, pero a principios de los 80s fundaron la secreta organización conocida como Movimiento Revolucionario Bolivariano. Fue por ese tiempo que el hermano mayor de Hugo, Adán, quien era un profesor universitario de Marxismo, lo introdujo con Douglas Bravo, uno de los líderes guerrilleros más famoso de Venezuela. Adán Chávez era miembro del partido de Bravo conocido como el Partido de la Revolución Venezolana y que abogaba por una toma revolucionaria Marxista en Venezuela en una alianza entre civiles activistas y militares. Adán Chávez es ahora el secretario privado de Hugo. Adán es una figura elusiva, pero hablamos varias veces y un día, durante un momento atípico de candor, me dijo que le habáa puesto el nombre de Ernesto a uno de sus hijos, en honor del Che Guevara, a quien admiraba mucho.
Hugo Chávez trabajó con Douglas Bravo hasta poco antes del intento de golpe de estado en 1992. Bravo me dijo que Chávez había traicionado sus principios izquierdistas a favor de un atentado puramente militar. El Presidente Chávez cuenta una historia diferente, y dice que Bravo rompió relaciones con su persona más tarde, después de que Bravo decidiera buscar el poder por medio de la urna electoral en lugar de la pistola. De cualquier forma, la ruptura de Chávez y Bravo es emblemática de los problemas de Chávez con algunos izquierdistas de Venezuela, los cuales tienen reparos acerca de sus antecedentes militares, sus políticas pro-empresa, y sus amistades con personas provenientes de variadas filosofías políticas, como la que tiene sostiene, bizarramente, con Norberto Ceresole, un argentino neofascista que niega el Holocausto y al que se le pidió que abandonara Venezuela después de que Chávez se convirtiera en Presidente.”Hay personas con una retórica más radical que la nuestra y que operan al margen del proceso y que lo podrían abortar con sus acciones”, me dijo el Ministro del Interior de Chávez, Luis Miquelena.
En Abril, un grupo de estudiantes ocupó las oficinas administrativas de la Universidad Central de Venezuela, la más grande en el país. Los estudiantes se quejaban de que la universidad era manejada por un “profesorado aristócrata”. Douglas Bravo estaba con los protestantes el día en que visité el campus. Bravo es pequeño, pulcro y elegante, y de unos sesenta y pico de años. Ese día en el campus, Bravo consultaba con algunos de los estudiantes que llevaban camisetas del Che Guevara. Uno de ellos, Pavel, un estudiante de ingeniería y de unos veinte y pico de años, exponía las razones por las que pelaban: “La Universidad no ha cumplido el role social que le corresponde. Se ha divorciado de la sociedad que la rodea. Se ha convertido en una momia, un sepulcro, y nosotros queremos que cada salón de clase esté ligado a la sociedad en las afueras del campus”. Bravo explicaba que la toma de la Universidad era un paso esencial hacia delante en lo que denominaban “el proceso interrumpido de la revolución Bolivariana”. Lo que venga después, depende en gran medida de Chávez: “O se alinea con las fuerzas de la globalización, o con los masas”, afirmó Bravo.
En ciertos barrios bajos de Caracas, algunos impacientes militantes de izquierda han formado una cuasi guerrillera clandestina y armada. Hasta ahora, se han dedicado a actividades de “limpieza social”, tales como la ejecución de traficantes de drogas y villanos. Una diputada de la bancada Chavista, Marelis Pérez Marcano, y quien es un ex guerrillero, me dijo que le preocupa el paso lento del cambio: “Mi gran miedo es que el clima revolucionario generado por el Presidente Chávez comenzará a caerse. Necesitamos estimular a la gente, mantener viva la llama de la revolución”. Ella estaba ayudando a organizar una cadena de “Fuerzas Revolucionarias” (comités de ciudadanos). “Con estos mecanismos en su lugar, la revolución será irreversible. La gente está detrás del Presidente Chávez, pero si, y Dios no lo permita, otros intentan removerlo del poder por la fuerza, la gente será capaz de salir a las calles y defenderlo”.
Luis Enrique Ball Zuloaga, un empresario venezolano en sus tempranos cuarenta años, describe el radicalismo político de Chávez como una inepta continuación de las políticas de gastos pagados de gobiernos puntofijistas que le precedieron. Carlos Andrés Pérez nacionalizó los negocios del crudo cuando era presidente en los años 70s, y negocios no rentables del estado terminaron siendo auspiciados por el mismo. “Absolutamente todo terminó en manos del estado. Prácticamente fue una sovietización de la economía venezolana cuando estamos acostumbrados a tener una de las economías más abiertas del mundo. Esto era como Hong Kong”, dijo Zuloaga. El empresario afirma que en un momento, la tienda Van Cleef&Arpels de Nueva York tenía una placa donde se leía: “New York, Paris, Caracas”. Por supuesto, agregó el empresario, la oficina de Caracas está desde entonces cerrada.
Ball Zuloaga vive en una enorme casa construida por sus abuelos al estilo español de Cantabria, piedras fasciae y techo de terra-cotta. Asistió a la escuela en Choate y estudió economía en Carnegie Mellon antes de retornar a Venezuela para administrar los negocios de la familia que consisten en bancos y compañías de seguro. Hasta 1999, era el presidente de la Confederación de Industriales Venezolanos. Me dijo que su sucesor había estado tratando de hacer una cita con Chávez y que no había tenido éxito. “No conozco a nadie que se le pueda acercar. Creo que es el líder más aislado que Venezuela ha tenido en 40 años. Piensa como soldado y se rodea de gente que lo apoyó en su intento de golpe ó en su campaña política”, continuó diciéndome Zuloaga, y aseveró “que las cosas no pueden continuar más como están”. “Chávez tiene dos opciones: O se abre al sector privado ó se radicaliza aún más. Creo que optará por radicalizarse, y creo que la sociedad venezolana tendrá que vivir un desastre antes de retornar a ser un próspero país y que mira hacia delante”.
Chávez nació en una casa de adobe con suelo de tierra en Sabaneta, un pueblo pequeño rodeado con pastos para Zebu, palmeras, y palos de mango, pero su familia se mudó hace un tiempo a la ciudad de Barinas, la capital del estado. En 1988, mientras corría para la presidencia, su padre hacia campaña para gobernador del estado y ganó. El padre del Presidente Chávez no se ha sentido muy bien por tener cáncer de próstata y sus hijos lo ayudan con sus labores de gobernador. Sus hijos: Narciso, hombre de negocios; Argenis, ingeniero eléctrico; Aníbal, profesor de inglés; y Adeliz, banquero, han sido considerados una pandilla de ladroncillos cuyas actividades han avergonzado a Chávez. Se dice que en varias ocasiones envió a Adán a Barias para regañarlos y cuando le dije a Chávez que estaba interesado en conocer a su familia, le dijo a Adán que hiciera los arreglos.
La mansión de su padre, el gobernador de Barinas, es una versión pequeña de “La Casona”: Una casa laberíntica con columnatas y un jardín lleno con árboles de sombra. Su oficina tiene aire acondicionado, un gran retrato de Bolívar y dos bustos de madera, uno de Chávez y el otro de Cristo. Sobre una mesa está una foto de la madre de Chávez, Doña Elena, con el líder sandinista Daniel Ortega abrazándola. Pasé muy entretenido. Fui recibido primeramente por el hermano más joven de Chávez, Adeliz, un hombre de cuarenta años y de apariencia placentera, con una gran mandíbula y pelo liso negro. Vestía en esa ocasión, un traje gris de negocios y una corbata floral rosada con un alfiler dorado. También tenía un brazalete todo vanidoso, un anillo de oro con diamante, un pluma de oro en el bolsillo de su traje, y un broche de solapa dorado.
Adeliz, quien recientemente se había convertido en vice-presidente corporativo del Banco Sofitasa, me dijo que había aprendido a estar “inmune” de los chambres políticos que circulan alrededor de su familia y de su hermano especialmente. Pero que le indignaba, según admitió, que le dijeran que era ladrón, como había sucedido hace bastante tiempo cuando compro una casa. ”La compré con mis propios ahorros y el crédito de un banco, y que no es el banco donde trabajo ahora”. Le pregunté si tenía ambiciones políticas. Sonrió y me dijo que no, que estaba contento con permanecer en el sector privado por el futuro inmediato. Acababa de ganar una franquicia estatal para una compañía grande venezolana de teléfonos móviles y me dijo que “no tenia ninguna idea que tan lucrativo era este negocio”.
Cuando Adeliz se retiró, Don Hugo y Doña Elena entraron en la oficina. El Gobernador, un hombre de pelo gris y piel obscura, lucia cansado. Noté que el Presidente Hugo Chávez heredó el color de su piel de su padre, pero su carota y gruesa mandíbula las heredó de Doña Helena, quien es una señora robusta, piel hermosa y ojos penetrantes. En ese día, Doña Helena vestía pantalones flojos, una camiseta floral, y era la que mas hablaba: “Usted sabe, algunas veces creo que Hugo ha sido enviado por Dios para ayudar a su pueblo, pero está solo en todo esto. Yo le rezo a Dios y la Virgen que lo cuiden por mi porque tiene muchos enemigos”, dijo Doña Helena. Don Hugo entonces interrumpió para decir que estaba preocupado de los “infiltrados y oportunistas” dentro del gobierno de su hijo. También agregó que de darse una confrontación, el pueblo venezolano, “el soberano”, pelearía para defender la revolución. El y Doña Helena acababan de regresar de Cuba en lo que era su primer viaje fuera de Venezuela, lo cual había sido una gran experiencia maravillosa y Fidel los había tratado magníficamente. Don Hugo le había solicitado a su hijo que enviara unos 80 instructores cubanos de deportes a Barina. Pronto, Don Hugo agregó, “unos doctores cubanos también estarán llegando”. “Los cubanos van a donde quiera que se les ordene porque han sido concientizados”, me dijo Don Hugo, y continuó diciendo que “los cubanos nos ayudarán a concientizar…..a elevar esa conciencia de los venezolanos…esa es la idea”.
Pocos días después, el Presidente me invitó a acompañarlo en un viaje al interior. Nuestra primera parada fue en Barina, donde Chávez abrió una nueva sección de la autopista. Cuando los helicópteros tocaron tierra, la gente quebró el cordón de seguridad y se lanzaron como enjambre sobre Chávez gritando su nombre y sostenían pancartas y cartas dirigidas a su persona. Chávez repartía besos y apretones de mano al tiempo que se movía lentamente hasta el pabellón montado en una plaza de tierra desde donde daría su discurso. Otros repartían refrescos bajo tiendas de campaña y unas 20 vacas eran asadas sobre azadones. Los soldados permanecían firmes junto a otros 200 hombres en uniformes kaki y botas color canela. Los hombres de kaki llevaban palas y picos, y pertenecían a los nuevos “batallones de reservistas voluntarios” y que estaban conformados por ex militares reclutas. A esos voluntarios se les da un salario, un uniforme, y cursos de actualización de la vida del soldado, antes de poder enviarlos a trabajar en carreteras, caminos, ranchos de ganado y de ovejas estatales, y trabajos de construcción. Después de pasar revista a la tropa, Chávez hablo acerca de la necesidad de una distribución equitativa de la tierra y ensalzó a su audiencia como aquel “pueblo que ha estado sufriendo, ha sido golpeado y humillado, pero que ahora es dignificado”. La muchedumbre vitoreó en respuesta.
Le tomó cinco minutos a Chávez caminar hasta su jeep a través de la multitud y otros quince para manejar fuera de la plaza. En lo que el vehiculo avanzaba despaciosamente, dos soldados que estaban detrás de Chávez se dedicaban a llenar los sacos con los cartas que la gente les metía. Por mi parte, no le quité la vista a un hombre en silla de rueda, al compás de los frenéticos saludos de uno de sus parientes quien tenia una placa rayos X en una mano, y una pancarta en la otra que decía: “Presidente Chávez ayúdeme por favor. Tengo la columna vertebral quebrada y necesito que me ayude”. Eventualmente, la placa de rayos X comenzó a pasar por encima de la multitud de mano en mano hasta que llegó a las manos de los guardaespaldas de Chávez. Se escuchó entonces una gran aclamación. Jorge Giordani, el Ministro de Planeación Social de Chávez., murmuró: “Y a esto es lo que llaman una dictadura”
Ya era pasada la media noche cuando retornamos a Caracas después de algunas paradas bulliciosas, primero en Sabaneta donde Chávez inauguró un centro de computadoras Bolivariano y el primero de los miles que quería abrir a través de Venezuela, y segundo en el pueblo rural de Cojedes, donde una multitud de campesinos le rogaban por una reforma agraria. La siguiente mañana fui a visitar a Jorge Giordani en su oficina. El es un hombre de apariencia inusual con una gran frente y cara ancha, su piel es pálida, tiene una blanca barba, y usa un par de anteojos que hacen que sus ojos azules parezcan más grandes de lo que son. Chávez y Giordani se encontraron en los años 90 cuando Giordani era profesor de economía y planeamiento social en la Universidad Central y Chávez estaba en prisión. Chávez le pidió en ese entonces de que fuera su profesor. “Su plan era escribir una tesis de cómo convertir el movimiento Bolivariano en gobierno”, dijo Giordani. “Nunca finalizó la tesis y cada vez que le pregunto acerca de ella, me dice que ‘eso es lo que estamos haciendo ahora, poniendo la teoría en la practica’ “.
Giordani conversó conmigo largo y tendido acerca de los planes que él y Chávez tienen para el futuro revolucionario de Venezuela. Usaba la palabra “utopía” a cada rato. Me enseño mapas y gráficos para una serie de “comunidades agro-industriales autosuficientes” que iban a construir en el interior. El ejército venezolano de hecho ya había empezado a construir las primeras. Y la idea era que estas comunidades se convirtieran eventualmente en ciudades con poblaciones arriba de unas 50 mil personas. “Queremos deshacernos de las barriadas y repoblar el interior del país”, aseguró Giorgani. Me concedió que la idea parecía no muy realista “pero que en planeación social uno se mueve entre la utopía y la realidad”. De todas maneras, también agregó, “esto no es algo que va a suceder mañana. Este es un plan a 50 años”.
Al siguiente día, en el country club de Maracaibo, un lugar con un verde césped y rodeado por una tierra estéril y a donde a Chávez lo iban a pasar a recoger para llevarlo a un hogar de descanso muy cercano, una decena de campesinos se había congregado para tratar de mirarlo a través de la cerca. Los campesinos eran delgados y con rasgos angulares. Sus vestimentas estaban deshilachadas y deterioradas. Había una mujer, varios hombres y unos ocho ó nueve niños. Chávez les dijo hola y les preguntó si eran indios Guajiro. “Sí, respondió la mujer. “¿De Colombia?” les volvió a preguntar Chávez. “Si”, le volvió a responder la mujer. (¿Acaso eran indocumentados, ilegales?) ¡¡Claro!! Chávez sacó su billetera y les enseño su cédula de identidad. “Miren….aquí está…..¡¡Huy!!!, ya expiró….creo que esto también me convierte en ilegal”. Los Guajiros se rieron ante el comentario del Presidente.
“Miren”, les dijo Chávez, “aquí todos somos hermanos, colombianos y venezolanos. Somos la misma gente”. Le tocó los dedos a uno de los niños a través de la oxidada cerca y siguió haciéndoles preguntas. Les preguntó como habían hecho para sobrevivir y cuánto ganaban en la vida. Todos eran campesinos arrendatarios en un rancho de yuca que le pertenecía a un coronel retirado y les habían entregado la mitad de la cosecha por su trabajo. Se habían ganado un millón de bolívares ($1,300.00), afirmó la mujer, por ocho meses de trabajo. “¿Un millón?”, exclamó Chávez y empezó a hacer calculaciones con los dedos. “Pero eso es menos que el salario mínimo. ¿Cuál es el nombre del dueño de la tierra? Ella se lo dijo. Chávez entonces se dirigió hacia uno de sus ayudantes y chasqueó sus dedos: “Encuentre quien es este hombre. Quiero todos los detalles de él. También chequeen sus títulos de tierras”. Chávez después les consultó si los niños en el grupo asistían a alguna escuela. La mujer le respondió que les habían dicho que como los niños no tenían papeles de identificación, entonces no podían asistir a la escuela. Chávez les preguntó a donde quedaba la escuela y quien era el administrador. La mujer señalo a la distancia.
“Bajo la nueva constitución”, les dijo Chávez a los Guajiros, y sacó un libro pequeño color azul que siempre lleva en el bolsillo de su pecho. “Este libro aquí…cualquiera tiene derecho a asistir a la escuela, tengan o no tengan papeles”. Y les dijo que estaban siendo explotados. “¿Me entienden?” Ellos asintieron con la cabeza y Chávez se volteó hacia el General Cacerez, el comandante regional de Maracaibo que estaba a sus espaldas. “Escuchen, quiero que se investigue la tenencia de las tierras en esta zona. Quiero que ellos tengan tierras, una escuela, y una clínica”. El General Cacerez lucia perplejo. “¡¡Sí!!! Mi comandante”, le respondió. Los asistentes de Chávez mientras tanto tomaban notas furiosamente y los Guajiros tenían expresiones de incredulidad. La mujer que era la que había hecho toda la conversación le dijo a Chávez con mirada de ensueño: “Sabía desde que lo ví, que se acercaría a nosotros”. Chávez entrelazó sus dedos con los de ella a través de la malla y les dijo: “Los quiero pueblo”. Ella presionó su cabeza contra la malla y le respondió tímidamente: “Y nosotros también lo queremos”. Y entonces, después de dar mas instrucciones a sus asistentes, se despidió y les dijo a los Guajiros que no se preocuparan y que regresaría pronto algún día.
La siguiente mañana, Chávez fue a La Esmeralda, un puesto de avanzada en la jungla amazónica donde nace el río Orinoco y a una hora y media de vuelo de Maracaibo en el jet presidencial. La Esmeralda es un bosque pluvial en la base de una masa de montañas y una de las mesetas más extraordinarias de Venezuela conocidas como tepuis y que son los vestigios de las montañas de Gondwana (Gondwana es el nombre que se le da a un antiguo bloque continental que resultó de la porción meridional de Pangea, cuando se extendió el Mar de Tetis hacia el oeste. De Gondwana surgieron Sur América, África, Australia, el Indostaní, la isla de Madagascar, y la Antártica a lo largo del Cretácico). En La Esmeralda se encuentra una misión salesiana, un cuartel de la Guardia Nacional, unas cuantas casas con techos de hojalata y palmera, un muelle, y hasta allí. Algunas monjas y misioneros; soldados; funcionarios civiles; y un grupo de muchachos y muchachas indígenas, todos descalzos y algunos con vestimentas a lo grass skirt y mostrando diseños hechos a mano sobre sus torsos y piernas, esperaban por Chávez en la pista. Había llegado a La Esmeralda para dar a las aisladas comunidades indígenas, una flotilla de ambulancias para ríos hechas de fibra de vidrio y con motores fuera de borda. Y también para inaugurar una radio indígena en el pueblo y la cual había sido montada por la Guardia Nacional. Chávez había incluido dentro de la nueva constitución Bolivariana, una ley radical de los derechos de los indígenas y que es la primera de Venezuela. Al tiempo que la ceremonia comenzaba, representantes de varias comunidades indígenas deambulaban cerca esperando una oportunidad para hablarle.
De repente, un grupo de unos 30 indios Yanomami venían corriendo desde el bosque sobre un lado distante de la pista. Los Yanomami son indígenas que cazan y pescan en partes remotas de la jungla que abarca ambos lados de la frontera Venezolana con Brasil. Usaban taparrabos y sus torsos desnudos y piernas estaban cubiertos con pintura negra de guerra. Sus caras estaban untadas de rojo y blandían lanzas y hachas. Emitían gritos de guerra y agitaban sus armas. A unos 100 pies de donde se encontraba Chávez dando su discurso, los Yanomami fueron detenidos por miembros de la seguridad y guardias nacionales con rifles. En medio del grupo, un pequeño Yanomami estaba gritando en un castellano a puras penas inteligible. Estaba hiperventilado con entusiasmo. Ocasionalmente se detenía para agarrar aire y luego continuaba gritando con una voz aguda. Uno de los asistentes de Chávez les gritaba unas preguntas mientras escribía sobre una bloc de notas, pero todo era un ejercicio en vano pues el portavoz de los Yanomami no estaba poniendo atención. Eventualmente comprendí que el Yanomami le estaba poniendo una queja de parte de varias villas que habían sido excluidas de la entrega de las barcas ambulancias. El portavoz Yanomami concluyó entonces de manera furiosa: “Por eso es que estamos enojados”. Levantó bien alto su espada y gritó. Sus otros partidarios guerreros hicieron lo mismo y comenzaron a saltar y gritar también. De repente, los Yanomami se voltearon como uno solo y corrieron de regreso a través de la pista y hacia el bosque.
La escena de los Yanomami había pasada desapercibida para Chávez. Todavía estaba discursando y diciéndoles a los otros indígenas que se habían reunido dentro de la pequeña multitud, de que ellos eran los originales venezolanos, y que todos los venezolanos, sean indios, negros o blancos, tenían y disfrutaban de los mismos derechos bajo la nueva constitución. En cuanto a él, Chávez les dijo que podía alardear de tener todas las sangres. “Soy blanco, negro e indio”, les gritó. “Así como la mayoría de los venezolanos”.
En el vuelo de retorno a Caracas, Chávez me llamó a su compartimiento privado. Sacó su agenda y me propuso que llegara por la mañana a su oficina en el Fuerte Tiuna. Le pregunté acerca de las cartas que tenía que darle. “Ah…si, las cartas”, y se puso a reír. Me dijo que tenía un equipo especial de asistentes que hacían un sumario de todas las cartas cada noche y cada mañana él pasaba por ellas. “Todas las cartas” le pregunté. “Todas”, me aseguró. “De las que ameritan atención, le ordeno a mi gente que les de seguimiento”.
Casi todo en la revolución Bolivariana de Venezuela, parece depender en la atención personal de Chávez. El resultado es anárquico y desordenado. Aquellos que tienen la suficiente suerte de cachar el ojo de Chávez, así como los Guajiros en Maracaibo, son los que cosechan los frutos. Los que no, así como los airados guerreros Yonomami, están fuera de la suerte.
Las micro gestiones que Chávez hace de los asuntos de su país, le dificultan el poder evadir tomar responsabilidad acerca de situaciones embarazosas, como el incidente que implicó al ex jefe de la inteligencia peruana, Vladimiro Montesinos, cuyos casos de corrupción tumbaron al gobierno de Fujimori: Por muchos meses se dijo que Montesinos se había estado escondiendo en Venezuela, y existían reportes de que se había hecho una cirugía plástica en una clínica de Caracas. Chávez en un principio negó que esto fuera posible y lanzó una búsqueda oficial que no produjo resultados.
Se dijo que Chávez estaba escondiendo a Montesinos porque le debía favores. En noviembre de 1992, unos cabecillas del segundo fallido intento de golpe en Venezuela, incluyendo a hombres leales a Chávez, volaron a Perú donde Montesinos les brindó santuario. También hubieron sugerencias de que Montesinos podría haber financiado la campaña presidencial de Chávez en 1998, y que también Chávez estaba de alguna manera involucrado con Montesinos en actividades de tráfico de armas como la de enviarles armas a los guerrilleros de Colombia. No hubo ni hay aún pruebas de estas alegaciones, pero los rumores persistieron, particularmente debido a las circunstancias bajo las cuales Montesinos fue finalmente capturado.
El 24 de Junio, mientras Chávez presidía una reunión de Presidentes Latinoamericanos en Venezuela, anunció teátricamente que Montesinos había sido detenido por autoridades venezolanas en Caracas la noche anterior. Montesinos fue puesto bruscamente en un avión y llevado a Lima, donde fue acusado de una variedad de crímenes que incluía la tortura, asesinato, tráfico de armas y drogas, soborno y chantajes. Después, fue puesto en una prisión de máxima seguridad donde aun continua. Pero la cuestión es de que casi inmediatamente después de su captura, el FBI y funcionarios de seguridad peruanos, insistieron que ellos, y no los venezolanos, merecían todo el crédito de haberle seguido el rastro a Montesinos, e insinuaron que Chávez había hecho la captura solo para salvar la cara. Ambos países retiraron a sus embajadores, pero el nuevo presidente peruano en ese momento, Alejandro Toledo, evadió hacer comentarios que podrían haberlo puesto en conflicto con Chávez. El problema por Montesinos entre Perú y Venezuela parece haber sido resuelto cuando Chávez asistió el 28 de Julio a la inauguración de Toledo. Chávez lo saludó y lo abrazó amigablemente. “No permitiremos que un grupo de mafiosos, extorsionistas y chantajistas, perturben el amor entre nuestros pueblos”, le dijo Chávez. Tres diputados peruanos sobre el suelo del congreso y después de la juramentación corearon: “Chávez dictador”. Chávez caminó hacia ellos y les gritó algo. El afirmo más tarde que se les había arreglado para estrecharle la mano a uno de ellos.
A mediados de Agosto del 2002, Fidel Castro llegó a Venezuela para celebrar su cumpleaños número 75. El y Chávez hicieron un viaje al parque nacional de Canaima para ver las espectaculares montañas Tepui. Volaron por sobre encima de la catarata del Ángel. En una ceremonia llevada a cabo en el estado venezolano de Bolívar, Chávez le otorgó una medalla a Fidel, quien dijo que la acepto no por él, pero en honor del sacrificio del pueblo de Cuba en contra de los Estados Unidos. Los dos líderes hicieron un poquito de negocios, y expandieron sus acuerdos de cooperación, en los que a cambio de los envíos de crudo a Cuba, Venezuela recibiría expertos cubanos en turismo, agricultura, deportes, medicina, y educación. “No solamente es un acuerdo comercial”, dijo Chávez. “Nosotros no solo estamos contando…’te vendo esto, y tu me vendes aquello’….Es un cooperación del alma, una hermandad”. Unos días después, a la pequeña misión militar estadounidense en Caracas y que había tenido una oficina permanente en el Fuerte Tiuna por los últimos 40 años, se les solicitó que se la dejaran. El ejército venezolano necesitaba el espacio.
El Fuerte Tiuna es un lugar calmado, limpio, con césped bien cortado, y barracas y caballerizas recientemente pintadas. Los soldados llevan uniformes bien nítidos y saludan a cualquiera que se cruza con ellos. Hay una estatua de bronce de Simón Bolívar al nivel del suelo en el atrio del edificio del Ministerio de Defensa, bajo un tragaluz de vidrio, mostrando a El Libertador en el campo de batalla. Los balcones de varios pisos de oficina dan con el atrio. La mañana que ví a Chávez en el Fuerte, llevaba un uniforme militar incrustado de listones y medallas. Le entregué las cartas que traía conmigo y fuimos viendo cada una de ellas antes de dárselas a uno de sus asistentes.
“¿Sabias que este es el cuarto donde estuve prisionero el 4 de Febrero de 1992 después que me rendí?, me dijo. “Me senté exactamente sobre ese sofá”, y señalo hacia un sofá a través del cuarto. “Todo está exactamente igual”. Me dijo como había persuadido a los comandantes militares para que le permitieran estar en vivo por televisión y dirigirse a sus camaradas que todavía combatían. Chávez dijo que no ensayó para nada. “Todo lo que sabía era que no quería aparecer ante la nación luciendo como un Noriega cuando se rindió a los gringos…derrotado y con un número colgándome del cuello”. Me dijo que de repente una “voz interior” le empezó a hablar. “No se que habrá sido. Mi subconsciente ó algo”. Las palabras simplemente le brotaron, continuó diciéndome. Y de repente, me dijo palabra por palabra, el discurso que había dado esa noche.
Le pregunté acerca de los problemas que ahora enfrentaba estando en el poder, y dibujo una serie de flechas y bloques en un papel. Los dibujos representaban sus “acciones’ y sus “obstáculos”. Me dijo que había ganado la primera fase de la revolución, la fase política, y que incluía la victoria Presidencial y el exitoso referéndum para la nueva constitución. La siguiente fase, dijo, era la revolución socioeconómica, la cual sus enemigos estaban tratando de prevenirle llevarla a cabo. Luego dibujó una flecha recta, y enfrente de esa flecha, dibujó mas bloques, y luego otra flecha que giraba hacia un lado. Las dos flechas, me dijo, representaban los rumbos que debía enfrentar. La flecha recta era “la revolución”, y la otra, la flecha flexible, representaba “el reformismo”.
“Talvez dentro de dos años, seremos capaces de decir que la revolución Bolivariana triunfó sobre sus obstáculos”, dijo el Presidente Chávez, y señalo con su bolígrafo a la flecha recta. “O más: Que se le obligó a desviarse y terminó siendo una reforma”, y entonces señaló a la flecha flexible. Y agregó: “Pero eso sería perjudicial, no solo para el proceso si no también para el país, porque la verdad es que aquí necesitamos una revolución y si no la alcanzamos ahora, surgirá más tarde, pero con otra cara, con otras características…..Talvez de la misma manera como cuando salimos a media noche con las pistolas”.
Chávez admitió que todavía “había confusión y malentendido”, especialmente en los Estados Unidos, acerca de lo que exactamente eran sus políticas. “Hasta hace poco”, dijo, “lo que se estaba argumentando o debatiendo, aquí y en el exterior, era como domar a Chávez. Tratémoslo bien para ver si lo podemos domar”. Comenzó entonces a reírse bruscamente y dijo: “Pero parece que esta bestia no es domable”. Luego bajó la voz y no sonrió. “Esto tiene que ver con mi convicción ideológica, y nada la va a cambiar”.
Traducción libre de Raíces.
Traductor Alex Renderos, edición Alberto Barrera, diseño Héctor Reyes. Miembros del equipo editor de Raíces.