Cuando Hegel escribió: ‘es una locura moderna intentar alterar un sistema ético corrupto, su constitución y su legislación, sin cambiar la religión, intentar hacer una revolución sin una reforma’, anunciaba ya la necesidad de lo que Mao llamó la ‘revolución cultural’, condición necesaria para que pudiera darse con éxito una revolución social. ¿No tenemos hoy el mismo problema: una revolución (tecnológica) sin una fundamental ‘revolución de las costumbres’?
Slavoj Žižek, El títere y el enano. El núcleo perverso del cristianismo
Podríamos percibir una preocupación por la “revolución de las costumbres”, similar en el poema de Roque Dalton, “Los hongos”, concebido “como un problema nuestro,/ es decir, de los católicos y de los comunistas...” Quizá podría encontrarse una clave en el fragmento de la carta de J. Longman que preside el texto: “...las formas del pensamiento pequeño-burgués —ya sean religiosas, estéticas o políticas— son más latentes y ubicuas que los hongos, y más equívocas que la sífilis, llamada por los médicos ‘la gran imitadora’”.
Efectivamente, la sífilis, en su etapa tardía, imita síntomas de otras enfermedades.
Comparar la sífilis con las ideologías pequeño burguesas en la etapa del “capitalismo tardío”, o, mejor, del capitalismo avanzado, es afirmar que su capacidad de imitación —del marxismo y del cristianismo revolucionario— es manifestación de una etapa crítica ante la agudización de sus contradicciones.
Habla también de la capacidad de transmisión de la enfermedad y de las vías de contagio: la cópula. El pensamiento pequeño burgués puede aportar elementos a la crítica del sistema de opresión o puede afirmar este sistema.
Si retomamos la dicotomía vattimiana de pensamiento fuerte/pensamiento débil, esto es, una metafísica de los fundamentos últimos, al servicio de los poderosos versus una metafísica de lo contingente, desde la perspectiva de los débiles, es posible interpretar este “problema nuestro, es decir, de los católicos y los comunistas”, como el problema que plantea una lectura “dura” del marxismo y el cristianismo, como indicio de la mentalidad pequeño-burguesa, que, como “gran imitadora”, se filtra en el cristianismo católico y en la supuesta superación filosófica de éste, el marxismo.
Este punto es interesante, además, porque la postura de Dalton ante la pequeña burguesía de la cual él mismo pertenece dista de ser esencialista: si bien la pequeña burguesía latinoamericana ha demostrado ser un actor importante en los procesos revolucionarios, también es cierto que, puede ser un baluarte del pensamiento de dominación.
Como “gran imitadora”, podríamos decir, podría “proletarizarse” o “aburguesarse”, introducir elementos críticos en el pensamiento de las clases oprimidas o fortalecer los fundamentos últimos de la dominación. Puede incluso imitar el discurso revolucionario para obtener cuotas de poder en las revoluciones o en los procesos transformadores triunfantes.
Como afirma el filósofo italiano Gianni Vattimo, pueden darse lecturas “de izquierda” o “de derecha”, tanto en el marxismo como en el cristianismo. Las lecturas de derecha son las lecturas “metafísicas”, “fuertes”, dogmáticas. Las de izquierda son lecturas débiles, no metafísicas, contingentes. La lectura que hace Dalton del pensamiento y la praxis revolucionaria se identifica más con la categoría postmoderna de “pensamiento débil”, que con el “pensamiento fuerte” del Diamat.
Sacerdote jesuita argentino, decano de Economía de la Universidad de Córdoba, partidario de la Teología de la Liberación, apoyó al movimiento obrero cordobés y participó en las protestas de 1969, conocidas como “el Cordobazo”. Las protestas fueron impulsadas por el ala izquierda del peronismo contra la dictadura de Onganía. Dice Elena Marta Curone, en su libro Al servicio de la causa, que el sacerdote participó en una marcha donde se recordaba a un estudiante asesinado días antes: “El 19 de mayo se efectúa en la Iglesia del Pilar un funeral seguido de la marcha del silencio en homenaje al estudiante [Juan José] Cabral. Van a la cabeza de la columna los sacerdotes MilánViscovich y Gustavo Ortiz, la que es disuelta por la policía en forma violenta. Durante una manifestación de los estudiantes secundarios, una bomba de gas se estrella en un ojo de Nélida Rosa Canelo, y, luego, es herido de bala el joven Héctor Cresta.” Disponible en: http://movimientoperonista.com/martacurone/alservicio/32-1969_el_cordobazo.pdf


