Éramos una colonia española, ya no lo somos. Este hecho importante en la historia de nuestro país se ha vuelto tema de controversia. En realidad, desde hace algún tiempo ha aparecido un punto de vista sobre este momento de nuestra historia, que le resta importancia, incluso negándole su realidad como tal. Se les incrimina a los próceres el hecho de pertenecer a la casta (clase) de terratenientes y se señala que el pueblo estuvo ausente del proceso. Tomando como base para ello las palabras de la misma Acta de Independencia en la que se amenaza con la cólera popular si los representantes de la Corona no acceden a la exigencia de independencia. Con esto se desea demostrar que las clases dominantes de la época tuvieron a distancia al pueblo.
Algunos agregan que el Acta no es tal, que no tiene concepción de Estado, ni tiene un programa, ni visión de sociedad. En todo caso se trata de restarle importancia a este acontecimiento. Algunos reportan la independencia hasta 1843 o aún más tarde. Esta revisión histórica me parece bastante renca. Pues calificar de folclor lo que aconteció desde mediados de septiempre hasta finales de diciembre de 1821 en toda Centroamérica, calificarlo de algo sin trascendencia, sin explicar cómo fue que dejamos de ser colonia de España, sin aportar hechos, documentos, sino simplemente una declaración que pretende ser prueba de sí misma: “es cierto porque te lo digo yo”.
En una entrevista a “Trazos culturales” del Co-Latino, Nelson García declara lo siguiente: “Mi visión de esos acontecimientos históricos, obviamente, ya no son los que mencionaban los maestros de primaria, revestidos de una serie de encajes ficticios, fantásticos, de una odisea de lucha social, y afortunadamente ya pasaron los tiempos de la herejía como para que el tocar estos temas irreverentemente pudiera significarle la hoguera a cualquier opinante, como era costumbre en el pasado, ya que mitificaron actitudes que eran simples manifestaciones de intereses creados y en el logro de fortalecer esos intereses se tomaron decisiones que tuvieron una cierta trascendencia de carácter político, ese es el caso de la independencia, un movimiento generado por el deseo de los terratenientes más connotados de esa época de independizarse del pago de los impuestos a España, obviamente, en este círculo destacan las figuras denominadas próceres José Matías Delgado, José Cecilio del Valle y José Simeón Cañas, cada uno con un alrededor de unas 15 mil manzanas de terreno, productores de añil, ubicadas en San Vicente, Zacatecoluca, etcétera”.
En resumidas cuentas, todos los que comentan el Acta de Independencia toman una frase, que en realidad es una cláusula de retórica, usada hasta el día de hoy, por casi todos los líderes políticos, que consiste en esgrimir la cólera popular como una amenaza futura, sino no se consiente a las demandas exigidas. En muchas ocasiones, por ejemplo, hemos leído en escritos de Fidel Castro amenazar a los Estados Unidos con el despertar de los pueblos, que tengan cuidado de las reacciones que puedan adoptar los pueblos cuando tomen consciencia de su estado de opresión. Esta cláusula retórica viene al final del primer artículo del Acta. Pero servirse de ella para interpretar todo el proceso, se trata de una lectura parcial, miope y con ojeras. En el mismo artículo se declara que la Independencia es “la voluntad general del pueblo de Guatemala”.
Pero hay algo peor en esta manera de leer el acta, es que se le exige la exactitud de una crónica, cuando es un apresurado escrito que recoge apenas unas cuantas decisiones y proposiciones que son las que en definitiva serán los reales actos independistas. El Acta es un hecho político y es necesario juzgarlo como tal. Esto significa insertarlo en la secuencia que le corresponde, no es un hecho aislado, sino que la consecuencia de lo que ha venido sucediendo en Centroamérica desde el inicio del siglo y aún anteriormente con el tráfico de escritos humanistas e iluministas en la región y más allá es menester tomar en cuenta lo que viene acaeciendo en todo el continente. Es más, podemos decir que se trata también de una consecuencia de una nueva correlación de fuerzas políticas en el mundo. España ya no puede imponer su ley, ni su supremacía. O sea venir a espulgar esa frase, como si en ella estuviera la quitaesencia explicativa de nuestra historia, es un abuso y una ausencia de rigor histórico. Pero al mismo tiempo el Acta es un punto de partida del proceso que irá dando nacimiento a los cinco estados que componen Centroamérica y la anexión definitiva de Chiapas a México.
La historia oficial, la historia que hemos heredado de las clases dominantes justamente encaja con esta visión estrecha, en la que se le adjudica a los próceres la total responsabilidad de los hechos ocurridos entonces. La actuación popular es evacuada de la historia. Esto ha sido justamente uno de los aspectos recurrentes de la narración que fueron tejiendo los ideólogos de nuestra burguesía. En el Acta misma no obstante no se omite dar a conocer un hecho que estaba allí patente como un hecho político de primera importancia. La reunión en la que se redactó el Acta no fue un hecho conspirativo, ni una osadía de algunos individuos: “Congregados todos en el mismo salón: Leídos los oficios expresados: discutido y meditado detenidamente el asunto, y oído el clamor de Viva la Independencia, que repetía lleno de entusiasmo el pueblo que se veía reunido en las calles, plaza, patio, corredores y antesala de éste palacio, se acordó por esta Diputación e individuos del Excelentísimo Ayuntamiento: etc...”.
Es la presencia del pueblo en las “calles, plaza, patio, corredores y antesala de éste palacio” lo que le confiere la fuerza necesaria para imponerse como un acto legislativo fundador. El texto insiste en varias partes en que los que firman han actuado siguiendo la voluntad popular.
¿Cómo es posible negarle al Acta su significado integral de independista? Por supuesto que no fue un Golpe de Estado, fue un cambio de régimen, hasta ese momento, incluso durante todo el período de ausencia de Reyes en España, durante la intervención napoleónica, la fidelidad era jurada a la Corona, el Acta en ese sentido es categórica, en el artículo décimo tercero se establece que el «señor Jefe Político publique un manifiesto haciendo notorios a la faz de todos, los sentimientos generales del pueblo, la opinión de las autoridades y corporaciones, las medidas de este Gobierno, las causas y circunstancias que lo decidieron a prestar en manos del señor Alcalde 1º, a pedimento del pueblo, el juramento de independencia y fidelidad al Gobierno americano que se establezca».
Presencia popular, “voluntad popular”, “a pedimento del pueblo”, no son simples cláusulas de estilo, como a la que se hacen con fuerza los detractores de la Independencia y de los próceres. Sin el apoyo del pueblo los terratenientes, los prelados, los militares, que a partir de ese momento, van a ir proclamando la independencia en las villas, ciudades y capitanías, como fue el caso de San Salvador el 21 de septiembre de 1821, sus actos no hubieran tenido ninguna repercusión, ni la fuerza necesaria para cambiar de un régimen colonial al de países independientes.
Existe otro documento que fue editado el primero de julio de 1823, en el que se fundamenta y se declara ilegal y nula la anexión a México promovida por Iturbide. En esta declaración hay varios elementos que nos indican que durante todo ese tiempo la movilización fue casi permanente. Como lo exigía el Acta del 15 de septiembre de 1821 se procedió a elegir diputados y juntas de gobiernos locales. Pero este documento en breves palabras vuelve explícito el espíritu con que estas provincias se despegan de España. Este texto asimismo nos entrega una indicación importante de las reales motivaciones económicas de “los terratenientes más connotados de esa época », que según expresa Nelson García en la entrevista antes mencionada, apenas aspiraban "independizarse del pago de los impuestos a España”. En el punto segundo al referirse a las provincias del “antiguo Reino de Guatemala” las nombra primero “nación soberana” y le reconoce “derechos y aptitudes de ejercer y celebrar cuantos actos, contratos y funciones ejercen y celebran los otros pueblos libres de la tierra”.
Esto indica que se está yendo mucho más allá del simple pago de impuestos. Es cierto que el peso de los impuestos impedía el más mínimo desarrollo autónomo, toda la recaudación se iba a España, dejando apenas el dinero necesario para el funcionamiento del estado colonial. Pero la dependencia era también respecto a la propiedad legal de la tierra, pues esta le pertenecía a la Corona y los terratenientes tanto españoles, como criollos, la administraban. No obstante urge señalar que todo el comercio hacia otras naciones, todo contrato con otros países debía hacerse a través de los puertos de España y a través de compañías españolas y bajo licencias reales.
Existe también entre nosotros, desde ya hace algún tiempo y sobre todo entre la gente de izquierda, una actitud crítica respecto a los próceres y el proceso mismo de independencia. Los próceres por lo general habían leído tal vez los escritos del Iluminismo francés que entraban de contrabando al país, los leyeron clandestinamente; circulaban copias manuscritas, se reunían en salones a discutir de esas ideas. Se trataba pues de hombres compenetrados de la ideología burguesa de finales del siglo XVIII y principios del siglo XIX. Con las limitaciones que pudieron tener, pues la Inquisición seguía manteniendo sus tribunales y sobre todo sus cárceles. A estas fue a parar después del primer grito de 1811 José Matías Delgado, que fue llevado preso y engrillado a Guatemala. Pero no fue la única persona que pusieron presa. Poco sabemos de todos los que fueron a parar a las cárceles de Guatemala y de la Habana. Hay gente del pueblo, la mayoría. Voy a citar el nombre de tres mujeres próceres santanecas, gente del pueblo, que no eran de las familias principales: Inés Anselma Ascencio, Juana de Dios Arriaga y Fabia Dominga Juárez de Reina (hasta hoy no existe en la ciudad nada que las recuerde, ni una calle, ni un parque que lleve sus nombres).
La actitud crítica a la que me he referido consiste en una exigencia anacrónica, según la cual nuestros ilustres próceres, debieron realizar una revolución de profundos alcances sociales. Es más que evidente que las clases que dirigieron la gesta de la independencia no eran marxistas-leninistas, ni tenía en mente el “socialismo del siglo XIX”. Como la burguesía francesa, como los burgueses de otros países, ellos privilegiaron exclusivamente sus intereses de clase. En 1821 Karl Marx tenía tres años.
Carlos Abrego, intelectual salvadoreño residente en Francia, colaborador de Raíces.


