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8 de Septiembre de 2010,
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Lo que cuesta pedir perdón
Elmer Villalobos - -
 
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La sala estaba llena, en ella, como lo hacen desde hace dieciocho años, los miembros de la ex guerrilla, ahora convertidos en el partido en el gobierno, y sus otrora enemigos a muerte, la derecha liderada por el entonces presidente Alfredo Cristiani, estaban juntos, esperando con mesura el discurso del presidente de la República Mauricio Funes Cartagena, quien fue durante el conflicto armado el periodista que dio espacios al Fmln para presentar sus propuestas ideológicas.
 
La espera era demasiado, como ya los tiene acostumbrados el ex periodista hecho presidente, pero esta vez sería diferente –como lo decía en campaña-, en esta ocasión, el discurso estaría cargado de historia y deuda, además de un cúmulo de respuestas que deseaban escuchar, no solo los presentes, sino también los ex combatientes que tenían tomada la emblemática Catedral Metropolitana.
 
En la sala de reuniones mayor de la Cancillería estaban ex comandantes de la fuerza rebeldes y del ejército, ahí figuraban Salvador Sánchez Cerén, ahora vicepresidente, en la misma línea de sillas puesta para ex firmantes de los Acuerdos de Paz estaba también Guadalupe Martínez, Salvador Samayoa, al otro extremo del local Cristiani, líder del partido que para ese entonces firmó la paz, pero que ahora se encuentra en una guerra interna.
 
Funes entró en escena, subió al podio, llamó a uno de sus escoltas, quien tardó unos minutos para llevar el texto que tenía que leer. Silencio en la sala por diez segundos, se arregló la corbata y empezó a hablar. “Como titular del órgano Ejecutivo de la nación y en nombre del Estado salvadoreño, en relación  con el contexto del conflicto armado interno que concluyó en 1992, reconozco que agentes entonces pertenecientes a organismos del Estado, entre ellos las fuerzas armadas y los cuerpos de seguridad pública, así como otras organizaciones paraestatales, cometieron graves violaciones a los derechos humanos y abusos de poder, realizaron un uso ilegítimo de la violencia, quebrantaron el orden constitucional y violentaron normas básicas de la convivencia pacífica. Entre los crímenes cometidos se cuentan masacres, ejecuciones arbitrarias, desapariciones forzadas, torturas, abusos sexuales, privaciones arbitrarias de libertad y diferentes actos de represión. Todo estos abusos fueron ejecutados, en su mayoría, contra civiles indefensos ajenos al conflicto”.

Las palabras cambiaron rostros, algunos como los ex funcionarios de ese entonces y miembros del ahora partido de oposición el seño estaba fruncido, al final del pasillo, casi al tope de las sillas, varias madres de hombres y mujeres desaparecidos durante el conflicto sostenían las lágrimas.
 
El discurso recién comenzaba y los aplausos cubrían el local. Pero Funes tenía reservado en su discurso la frase más importante del día, esa que horas después Calderón Sol, ex presidente por Arena criticara al manifestar que eran innecesarias y fuera de lugar. “Por todo lo anterior, en nombre del Estado salvadoreño, pido perdón”, la multitud se puso de pie, los únicos inertes en la sala eran los que por dieciocho años habían negado aceptar los vejámenes cometidos por el Estado durante el conflicto que se cobró a más de 75 mil personas.
 
Varias veces, durante su discurso, Funes tuvo que suspender su lectura, en alguna de ellas, por los aplausos y en otras por el nudo que cruzaba en su garganta. Luego de hablar del pasado, Funes presentó propuestas del presente y dio terminada la página del pasado, la cual, manifestó, tenía que haberse leído para luego pasarla. Al final del evento, Funes bajó del podio y empezó a estrechar las manos de los firmantes de la paz, esa que todavía está pendiente por consolidar. En las afueras los ex combatientes lisiados de los ambos bandos durante el conflicto celebraban, desde la firma, nadie les había tomado en cuenta, es más, dicen sus líderes, se les olvidó, los dejaron a un lado, como objetos inservibles, pero ahora miran una luz, el mandatario les prometió, con palabras, resolver sus demandas, eso sí, según la capacidad financiera del gobierno.
 
La sala empieza a desocuparse, las caras fruncidas durante todo el discurso se alejan. Así como el ex presidente, Salvador Sánchez Cerén, ex combatiente que pediría perdón en un evento público. La página está cerrada, los dos bandos, culpables de las muertes durante el conflicto pedirían perdón, pero les costo, dieciocho años. Sin embargo, el perdón sirvió para iniciar un nuevo proceso, el de la reconciliación dicen las víctimas.

Elmer Villalobos, periodista salvadoreño, colaborador de Raíces.

Elmer Villalobos
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