Cristian Alexis Estrada camina entre cinco y seis horas diarias limpiando vidrios, sobre el Bulevard de los Héroes. Empieza a la una del mediodía y finaliza a las siete de la noche. Delante de él se mueve el tráfico infernal y el humo de los vehículos se va quedando como parte del paisaje. Tiene 20 años, los ojos grandes y unas manos que se le adelantaron al resto del cuerpo en eso de llegar a hombre. Asegura que estudia Licenciatura en Matemáticas en la Universidad de El Salvador.
Cristian es pobre, como la mayoría de los jóvenes de este país lleno de pequeñas historias de esperanzas. Cuando se le pregunta qué desea ser de mayor dice que no sabe, aún no ha tenido tiempo para pensarlo. Después de limpiar dos parabrisas, corrige la primera respuesta: “Me gustaría ser profesor”.
Trabaja seis días a la semana. No llega los domingos: “Ese día me quedo en casa. A veces salgo con mis amigos y juego al fútbol. Me gustan el Alianza y el Barcelona y también me gusta el Hip-Hop”.
Cristian es el segundo de 4 hermanos y sobre sus hombros ya siente una especie de peso familiar que le hace encorvarse hacia adelante. “Yo le ayudo a mi mamá con los gastos de la casa y me costeo la universidad incluyendo libros, folletos, fotocopias, entre otras cosas”.
“Cada día recojo entre 5 a 20 dólares. La gente aquí te da desde 1 centavo hasta 3 (dólares)” según el día”.
“Las personas a veces se enojan porque uno les quiere limpiar el vidrio. Nosotros comprendemos pero lastimosamente (en el país) no hay trabajo y uno tiene que ganarse la vida como sea”.
Las calles del Bulevard de los Héroes están inundadas de vendedores callejeros, que ofrecen desde flores, plátanos, dulces, mangos, entre otras cosas, para ganarse algunos dólares para ayudar a sus familias, porque el hambre tiene más agujeros y prioridades ante todo.
“Yo no me voy a quedar a trabajar en la calle para toda mi vida, hay personas que están aquí (trabajando) es por la necesidad de sobrevivir. Yo tengo la oportunidad de ser un profesional. Salgo de mi casa a las 4 de la mañana para ir a estudiar (universidad) y regreso a las 9 de la noche”.
Cristian pasa las horas limpiando de vidrio en vidrio, sus manos tiene una agilidad increíble pareciera que bailara Hip-Hop en la calle.
Este joven limpia alrededor de unos 250 parabrisas por día. Unos 7500 al mes y en total lleva cerca de un millón hasta el momento.
Llega la hora de contar el dinero. Todavía lo suyo no son las grandes operaciones ni calcular grandes cantidades. Ni sacar la raíz cuadrada. “Este día (Viernes) fue malo, solo recogí 6 dólares, estoy ahorrando para comprar el estreno del 24 y 31. Haber cómo nos va el día de mañana”.
Asegura que la crisis económica que atraviesa el país también les afecta a ellos. “La gente muchas veces no nos dan (monedas) porque ellos no tiene dinero y a puras penas sobreviven con su salario”.
Hasta el más optimista tiene dificultades para ser feliz. Quizá por eso Cristian nunca sonrío para este reportaje, porque él y su limpia saben que hasta la esperanza tiene fecha de caducidad.
Christian Zárate, periodista salvadoreño, es colaborador de Raíces.


